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LITERATURA COLOQUIAL, NARRATIVA, POLITICA, CIENTIFICA, TRAGEDIA, COMEDIA, NOVELAS Y COMENTARIOS.

martes, 17 de julio de 2012

Folclor Colombiano

PERSONAJES, CUENTOS, MITOS, CARTAS Y LEYENDAS
NORTE CAUCANAS


LA ULTIMA LAGRIMA                                                                                                  
 atilano zuloaga
                                                                                    311-6079516


Contaba Mi abuelo  el Caucano, como en sus épocas de mozo, cuando estudiaba en colegio de pueblo friano, iniciando sus estudios de bachillerato, prohibido les tenían a estudiantes del colegio juego de billar y tragos. La prohibición despertaba curiosidad en los estudiantes, y con mayor insistencia la prohibición transgredían, ideándose las trampas contra la apológica medida.
Entre una y otra escapada, a jugar billar y tomar chirrinche en aquel pueblo friano, los osados transgresores de las normas  ejemplares, se iban a tomar tragos a La Ultima Lagrima después de misa los domingos, incluido el Domingo de Ramos.
En una de esas juergas de entre risas y llantos, madrazos  riñas y cantos, los infractores   propusieron una apuesta, de visitar a los muertos en las horas de la noche. Cual es el valiente que apostará pal refajo. Yo contestó al unísono el grupo de los estudiantes. Luego vinieron risas que al calor del aguardiente terminaban con  llanto, se miaron en los calzones, se abrazaron y gritaron, hasta que al fin de tanto y tanto, la apuesta  concretaron. Debía ir al Camposanto a la nueve de la noche, el primer valiente de  dos que solo quedaron al concertar la propuesta. Para determinar cual seria el primero en ir  a  casa del arcano, a la cara y sello tiraron una moneda  de plata que les prestó el tendero, moneda que a  las diez de últimas    no fue devuelta al mercader entre sus manos.
 Al que le toco primero el Camposanto visitar, le tocaba su visita comprobar,  dejando clavado un  clavo en la tumba de un difunto fulano del pueblo reconocido. Se proveyeron de clavos, de seis pulgadas por cierto, martillo, ruana, linterna y trago para el osado estudiante, que ambientado por el dios Baco  se sentía envalentonado.
 Se dirigió el primer apostador  a los apartamentos de La  Parca y entrando raudo y sereno hasta la tumba llegó y el clavo allí lo  clavó, despertando allí mismito  al ánima de de Don Zenón, que al dar la espalda el  estudiante de la ruana lo agarró. El estudiante valiente asustado por el muerto, como pudo  por el ojete de la ruana su cabeza  sacó, escapando cual Villadiego pensando en su interior: El muerto, El muerto me  agarró. No lo alcanzó a pensar tres veces  y en la puerta del cementerio su cuerpo desmayado  en el piso yermo   cayó.
 Ante el pasar  del tiempo  sin  el valiente estudiante a La Ultima Lagrima regresar, sus amigos preocupados empezaron a pensar: Algo raro esta pasando pues pasa ya largo tiempo y no regresa el Valentón. Se organizó una comisión  que al panteón se dirigió, llevando el rosario de la Señora de Casa y dirigida por el anfitrión. Pronto tuvieron sorpresa: en la entrada del panteón, cuando encontraron  tirado al valiente de los clavos clavador, sin la ruana y el morral donde media carroñosa de guaro y linterna el valiente se llevó.  Revivieron al moribundo desmayado valentón preguntándole con insistencia: Que fue lo que te pasó?  contestando muy asustado: Pues el muerto me agarró y casi que me ahorca en el ojete del ruanòn.   Buscaron por todas partes la ruana y el morralòn, llevándose la sorpresa  de que el valiente estudiante su ruana también clavó en la tumba del difunto cuando con puntilla seis pulgadas  el mausoleo apuntilló.




DOS  TUERTOS  NO  SE  CHOCAN                                                                              
atilano zuloaga
                                                                                                           311-6079516


Estaba   el tuerto  Ubaldino  tomando guaro  en la  fonda   montando  su   yegua  La Avispa cuando como atraído por el viento    el tuerto Borja apareció. Dicen unos que Borja iba al velorio de un pariente  cercano que muerto se había ido para un mundo muy lejano. Otros dicen que mentira, que ya la tenían casada, que en La Arrobleda hace un año se habían trenzado en disputa,  dirimiendose por una dama de nombre doña  Restituta. “ El Charro Negro” que  tambien así  llamaban, jaloneaba del cabestro a la novia de  Rocinantes  que jadeante el pescuezo   estiraba  después de media jornada de jaloneo de su jinete.  Media  botella  roñosa de guaro y copa grande    en el mostrador tenía el jinete de un solo ojo y  dicen también los chismosos  que un solo  improperio entre dientes   a su símil  lanzó cuando con un solo ojo al negro  Borja allí  vio. Ahí llego ese hijueputa  que en la jeta ya me dio. Tambien dijeron algunos que el  Charro Negro en ningún momento ofendió, que fue el tuerto Borja  que el incendio provocó.
 En cuanto a lo que a mi me consta, yo se los quiero contar, sin mirar antecedentes  de quien  pudo provocar aquel incidente incierto que ciego pudo dejar al tuerto que aseguraba:  “ dos tuertos no se  pueden chocar.”  Cuando apareció en la fonda el felino tuerto Borja, que por primera vez yo vi., llegó comprando tabacos,  café azúcar y pan. Véndame dos cartuchos de café UD. don José, tres tabacos de los comunes,   de  azúcar me da una libra y cincuenta pesos de pan. Ubaldino que se encontraba  entre   puerta y mostrador  se dirigió al tuerto Borja y un tintero le brindó. Tómate un trago Borja, uno de estos pa  barón. Yo no tomo trago,   contestó el tuerto bocón, abriendo  la boca de oreja a oreja  como buen negro bembón. Te lo tomas por las buenas o por la malas tambien, o te lo hecho  en tu cara, pa que sepas quien soy yo, pues yo te he visto tomando y hoy me desprecias a mi, como si lo que yo te  brindo sea mierda para ti. Te lo tomas o te lo tomas, pues lo sabes tu muy bien, que dos tuertos no se  chocan,  pero si  no te lo tomas,  si nos chocaremos hoy. Mientras Ubaldino sirvió el trago, en  muy breve tiempo, casi que en un santiamén, de la fonda Salió el tuerto Borja   y al instante regresó. Yo le vi, alguien dijo,  que entre sus manos dos panes  envueltos en papel   llevaba y en su morral acomodaba el azúcar y el café. Estaba Borja echando los tabacos al bolsillo  y   en ese mismo  momento el Charro Negro insistió: te tomas el trago Borja o te lo voy a estregar, en la cara negro ingrato que me vienes a despreciar. Alzó Ubaldino la copa queriendo a Borja mojar, en su cabeza y la cara con el guaro despreciao. Apenas  alzó la copa, el Ubaldino gruñón, cuando con el pan envuelto en la cara recibió un mensaje a las tinieblas de su par el tuerto bembón que  dejarlo en total oscuras  como   que era su intención. Una piedra envuelta  como mendrugo de pan  el tuerto Borja tenía descargándola con la izquierda entre los cuernos del chalán, pero afortunadamente  el golpe   la ceja solo rompió, manando de allí la sangre que  el ojo bueno invadió  dejando al chalán de marras a oscuras y  cegatòn.
Sorprendido por la sorpresa de aquel  tuerto  cimarrón  el  Charro Negro ahí mismito la mano al fierro  mandó y la espada tres canales de su cubierta sacó, buscando, cuan Quijote de la Mancha,  molinos  pa demoler,  encontrándo solo un poste en el corredor en  la fonda del lugar. Varios golpes con el suncho al pobre poste le dio: por el lomo, por la plancha y por el filo tambien, mas no encontró  al tuerto Borja que como bruja voló perdiéndose en la penumbra de un camino culebrón, dejando solo el recuerdo de piedras otro montón   tras el poste de las cuerdas junto a la casa de Zenón,  cuan trinchera de refuerzo  para ese tuerto collón, que se chocó con Ubaldino  y corriendo
salió, diciendo los que se van , cuando le dio entre los cachos con piedra en papel envuelta  como mendrugo de pan.





DE TU  AGUA  NO  VUELVO  A  BEBER                                                                    
atilano zuloaga
                                                                                                            311-6079516


Celedonio era un campesino acomodado, que tenia, aparte de la parcela donde vivía, una finquita  en  la vega y otra en Monte Oscuro al otro lado del río, en la vereda El Silencio.  Desde  el verano del l2, su asentamiento fue    la vega,  pero en el 48, la violencia lo sacó y en el Llano Grande  La Dominga su domicilio arraigó .Ya por el 75 último  invierno del siglo pasao buena parte del Valle del Cauca se inundó, fenómeno climático del que Celedonio no escapó. Cuando realizaba  la visita a Monte Oscuro  el río Palo a Celedonio le tocaba vadear montando su caballo Bayo y  la marcha continuar a la finca del Silencio para los frutos cosechar, teniendo la mejor de sus fincas en la vega del río, en el  lado occidental, finca productora de tabaco, plátano, cacao, hojebiao, y de frutales tambien. En uno de esos viajes para las fincas visitar, llegó Celedonio al predio de la vega y solo  restos de plantas y escombros encontró  en lo que antes fue su finca que con tanto amor  plantó. Se quedó mirando perplejo lo que la naturaleza dejó,  que una vez pasada la creciente,  solo un playón se quedó. Miró en silencio solemne el paisaje del rededor  tragándose el tabaco por la candela y liberando un lagrimón. Miró el río lecho arriba, y luego hacia abajo miró, pronunciando algo intangible y volteando su espaldon  subió  en su mancobero bayo y  marchando  al llano  volvió, a comunicarle a  su amada lo que en la vega pasó. Luego de charlar un rato con su abnegada  mujer de ella  se despidió, diciéndole: mija pa  esas  voy.  Mijo no seas tan necio, guarda los títulos por Dios, que para la Caja Agraria  yo voy, a pedir que nos aplacen  la cuota,  por el crédito del arroz. Celedonio enojado razón alguna por Dios no escuchó y sacando unos papeles  de su viejo baúl en un santiamén en su caballo de nuevo montó y a la vega se dirigió. Marchó a paso de galope fumando tabaco y  tomándose tambien un guarilaque del que su comadre Juana  media roñosa en el camino le fió. Llegó a la orilla del río, ya casi al anochecer  cuando varios campesinos  el río trataban vadear antes que  el aguacero cayera y en el ocaso el sol tambien. Dicen  estos transeúntes que presenciar les tocó, que Celedonio palabras balbuceaba y  tirando al río  unos papeles, estas palabras gritó:   TE LLEVASTE LA FINCA HIJUEPUTA, LLEVATE LAS ESCRITURAS TAMBIEN,  RIO DE AGUAS CONTAMINADAS  DE  TU AGUA NO VUELVO A BEBER.

P.D. . Celedonio no volvió a vadear el río y para visitar la finca de Monte Oscuro, daba la vuelta por el puente cemento de  Guachené para el río pasar  El agua pa beber la llevaba del río Gualì.  




Jamundí, diciembre del 2.010

ME GANASTES EN BAILE PERO EN PINTA ESO SINO                                  
 atilano zuloaga
                                                                                                                311-6079516


Érase Viejo Billí un negro residente en San Nicolas
Que bailando era genial y vistiendo era otra cosa
Y  gustaba del folclor  castigando la baldosa

 De la  tierra era amigo para cosechar los frutos
Pero solo a la finca entraba a recolectar cacao y  racimos de bananos
Montado en su yegua platanera  la encargada de la limpieza
Pues  Billi sostenía que cacao y plátano  en el monte se daban
 Por ser   como  eran parte  de la naturaleza.


Nunca Billí echó un palazo en la finca, declarándose amigo de la tierra,
Pues la pala era el azote del planeta
Por lo que consideraba castigarla solo en la baldosa.
Consideraba también la pala enemiga del hombre y  de la tierra,
Pues al hombre en sus manos  cayos le daba
Y a la tierra   erosión  le causaba

En una faena de baile  que Billi  concursaba en Caloto  finalista quedó
 y aunque le pegaba duro  a la baldosa
El jurado  lo declara perdedor

Inconforme con el fallo   a su oponente ganador Billi se dirigió
Y estas palabras le gritó:

ME GANASTE EN BAILE  PERO EN LA PINTA ESO SI NO




PIMPO SE MURIO TU MAMÁ                                                                                    
atilano zuloaga
                                                                                                                311-6079516


Viejo PIMPO era un negro come plátano que en Villa Rica vivía
Derivando los sustentos  de la finca que tenia  a las orillas del río Cauca
Bocas del Palo pa  arriba.

Fue en una tarde de esas  frías por la lluvia  que en  abril  caía
Cuando llegó a su parcela el sobrino del tío que  huérfano   quedo ese  día
Ante la muerte de su madre, señora Rosa Maria

Tío Pimpo se murió abuelita, y yo le vengo a UD. Avisar, montando la moto de tío Chucho Para al pueblo a UD. Llevar.
Sobrino, bien puedes irte en la moto de hermano Chucho
Que yo en la buseta  me voy  pues hoy no he comido nada y un arroz voy a preparar
Para con la barriga vacía al velorio no llegar





LA TIENDA DE MAMA LEONOR                                                                             
atilano zuloaga
                                                                                                                                              311-6079516

                                                                                     
Cansado de laborar en el rebusque llegó el hijo de  la  mamá  a su vivienda, encontrando de entrada un vacío humano en el primer nivel de la casa. Extrañado por la ausencia de su gente, partió gradas arriba en busca de una respuesta. Al llegar a la segunda planta escuchó  bullicio y risas provenientes de la terraza. Hizo una pausa en ese segundo piso para escuchar sobre  lo que sucedía  en el nivel de mas arriba. Las risas y los gritos no dejaron entender lo que acontecía. Ante lo infructuoso de su investigación  escalando  gradas siguió  para llegar de sorpresa donde se reunía su familia menor.  Hermanos, hijos, sobrinos y entenados allá arriba se encontraban, guardando un solemne silencio cuando los pasos  de  José Antonio escucharon Que es lo que aquí esta pasando que ahora se quedan callados después de semejante alboroto que  han ustedes causado. Los  presentes  callados quedaron mirándose  unos a  otros como embobados. Exijo una  respuesta  pues de otra manera me  verán ustedes obligado a    interrogar de uno en uno y a todos por separado. Ante la amenaza de juicio anunciado,  saltó  al escenario uno de los presentes  en defensa de los incriminados. Nada malo aquí sucede Pá. solo  es que  estamos gravando los sucesos de la tienda de la abuela, de cómo es que se atiende a los clientes del mercado. Escuche Ud. La grabación,  entérese de lo que ha pasado. Prendieron el aparato donde habían grabado  los diálogos del mercado, escuchándose de esta manera el cuento  enunciado: Buenas días  doña Leonor, mando a decir  mamá que le fíe unas cositas para el almuerzo. Diga Ud. Niño que es lo que necesitan, trajo lista o lo sabe de memoria. No doña Leonor de memoria nó, aquí traigo la lista. Leyó Doña Leonor la lista y preguntó de nuevo al niño: trajo UD. morral o canasto?   yo aquí no tengo en que echarle las cosas,   las chuspas se acabaron. Si señora, aquí traigo esta talega que me prestó abuelita. Bueno empecemos pues, reciba mijo. Dos libras de arroz, tres libras de papas, media libra de café, una libra de manteca, dos botellas de leche,  una libra de azúcar, una libra de sal, cuatro plátanos pintones para hacer tostones y dos que estén maduros como para fritar, veinte pesos de pan tostado y dos panelas cuadradas. Ay mijo las panelas cuadradas están quemadas, muy malitas, tome estos treinta pesos y las compra en la tienda de la esquina que esas si están blanquitas. Estaba pasándole los treinta pesos doña Leonor al niño cuando salio José Antonio que se encontraba escuchando desde la sala la transacción comercial  e interponiéndose entre su madre y el niño mandadero tomó los treinta pesos  del mostrador,  manifestándole a doña Leonor: No solamente está Ud. Fiando el chuzo sino además encimando plata,  no ve   los estantes que vacíos están quedando?    y UD  fiando y  encimando  el poquito de plata que queda?  UD. No se meta contestó doña Leonor y arrebatando los treinta pesos a su hijo, se  dirigió  al niño manifestando: pobre gente, aguantando hambre, tome mijo vaya y compre las panelas, QUE AQUÍ LA QUE MANDO SOY YO !




Jamundi, último día del mes de septiembre  año 2.011

DEJALO QUE PEGUE QUE PARA ESO ES MARIDO                                          
atilano zuloaga
                                                                                                                311-6079516


Centrada estaba la discusión entre dos contertulios ebrios sobre el año internacional en defensa de las mujeres, esos pobres seres indefensos e inermes victimas del maltrato y la violencia de sus parejas machistas .El uno decía que no, que a las mujeres no, no se les debía tocar ni con el pétalo de una rosa. El otro decía que si había que castigarlas dándoles harto con el falo del  amor  y  no con la porra caimanera. Un trago iba y otro venia y los dos borrachos en la discusión seguían y aunque en el fondo igual pensaban en nada de acuerdo se ponían. Esas son las mujeres compadre, para quererlas Dios nos las dio. Nos las dio, no compadre, solo a mi diosito me dio una mujer como la mía  que en la casa UD. la vio, antes de venir a tomarnos estos tragos de aguardiente cerveza y ron. Esa resignada mujer que merca con solo dos pesos y  sus amigas como Bartola la bautizaron. En cambio UD. compadre nada a su mujer le da para que compre remesa, mas no se que será lo que UD.  da a esa hembra que hay ya lo viene a buscar. En eso llegó  brava la mencionada mujer y se puso a gritar :Pa tomar trago si tenés plata pero pa la casa nó ni pa calzones pa yó. Sinverguenza mal marido te vas conmigo pa la casa que allá te tengo una tacita de caldo de palomo biche pa que tomes y luego te eches a dormir pues llevas bebiendo tres dias y me abandonas a yo, que solita con este frio estoy durmiendo como huérfana  en el colchón. No me azares la vida mujer déjame tomar esta media que yo casi ya me voy. Restituta muy enojada por el cuello a su marido agarró y este reacionando como loco una trompada le pegó. Salto el compadre contertulio y a su compadre cochas estas forma le habló. A las mujeres ni con el pétalo de una rosa, y la golpeada respondió: UD. NO SE META DÉJELO QUE ME PEGUE QUE PARA ESO ES MI MARIDO.

La Reina De Los Zancudos, Segunda Edición Revisada

LA  REINA  DE LOS  ZANCUDOS
1º)  LA   REINA
2º) DISFUNCION ERECTIL CLINICA
3º)  PRIMER  ATENTADO
4º)  LA  ADOPCION
5º)  SEGUNDO ATENTADO
6º)  MUERTE  DEL CORONEL
7º) EL  CONCIERTO  DEL  PEDREGAL  Y  LA  GATIADA DE JAIME
8º)  ENCUENTRO AMOROSO
9º)  MISA  NEGRA  Y  ORGIA
10º) LOS  CANES  Y  EL  INCIDENTE  DEL  PARQUE  PANAMERICANO
11º) LA  NOCHE  DE  LOS  ZANCUDOS
12º)  ROMPIMIENTO   AMOROSO
13º)  MUERTE  DE  ALICITA




LA   REINA

Alicita   le  llamaban   sus  amigotas,  Alicia  su  nombre;  nacida  en  el  puerto  fluvial mas  norteño  del   departamento  otrora  grande  del  Cauca,    en   las  convergencias  de  los  ríos Cauca  y Palo,  donde  llegaban   los barcos  a  vapor alimentados con los leños de los cada día mas descuajados bosques ribereños, naves  que    surcaban  las  aguas  del   gran  río  Cauca   descargando la  heterogénea mercancía de sus hinchados vientres; cargas disímiles  en su   totalidad: Personas, animales,  plantas,  mercancías,   maquinaria; elementos humanos, animales, vegetales  y  materiales que  absorbía   la  región      Vallecaucana ante  la  arremetida de  la colonización   interna  que se daba  en Colombia  y en  forma  especial por la  colonia Antioqueña que se   empeñada en   conquistar  tierras  y  mercados  que  se  conjugaban  con  la  agricultura  y  la  ganadería.
Alicita  nació  ahí    en   ese  puerto  fluvial al  que  llegaron  sus  padres procedentes de departamento de Antioquia a  principios  del   último  siglo del  anterior  milenio,  llamados  por  las  oportunidades  de  enriquecimiento  que   ofrecía  el  puerto, por  aquel  entonces  gran  productor     agrícola y ganadero, destacándose   la  producción  de cacao, donde un día  desembarcaron del vapor Cabal en el muelle  del   pueblo, buque  posteriormente se hundiría en el rio Cauca el 7 de Diciembre de 1.924 en el remolino Román  en las cercanías de Guacarì, Valle.
Don Juan   De   Dios   y  su   esposa  Doña  Alejandrina, ligeros   de  maletas y aún  sin  hijos, una vez que pisaron tierra caucana recorrieron  las  calles enlodadas y polvorientas del   poblado,  donde  después  de saltar  algunos charcos   avistaron  el estanco  departamental  y optaron  por  entrar  en   el  establecimiento    con el fin  de  obtener  información    acerca  de  la ubicación de un  hotel  donde pudieran   pasar  su  primera  noche  en   aquel antiguo  palenque    convertido   ya  para  la  época  en  un pujante  y  prospero  municipio, polo del  desarrollo   regional  del  norte  del departamento  del Cauca.
 Después que Juan  saludó  al estanquero, se tomó  un trago de aguardiente  y su esposa un refresco, hicieron algunas preguntas a aquel  manifestándole el  deseo  de radicarse en el pueblo,  mientras que en su interior  gestaban las ideas  a fin de escoger la actividad laboral a que se dedicarían al  lograr establecer raíces en aquel  puerto.
 Mientras esto ocurría  Don Juan observó    como los  habitantes del pueblo  consumían  bebidas embriagantes en un día de semana, jueves por cierto. También observó Don Juan  como  los  habitantes eran  igualmente asiduos   consumidores  de dulces  procesados  del azúcar y la panela.
 Informados por parte del estanquero sobre la ubicación del  hotel, los esposos  se  dirigieron por la  calle  paralela al  rio, y en sentido contrario  a su curso caminaron hacia la  Plaza Chiquita, sector donde se alojaron a pasar su  primera noche en aquel puerto.
 Poco  fue el sueño que  disfrutaron, durmieron poco porque esa noche  soñaron despiertos  tratando  de encasillar el futuro  en actividades que les permitieran  realizar el sueño de sus vidas.
Ya a la madrugada  los esposos lograron dormirse   después de repasar posibilidades y pretender levantarse  temprano al día siguiente para explorar en la realidad  las oportunidades  que les ofrecería   ese hasta ahora desconocido  pueblo de sus aspiraciones.
 Levantaronse tarde  a la mañana siguiente, ya que el cansancio del  viaje y la gran parte de la noche  que pasaron en vela   fundieron a  la pareja en un profundo sueño  en el que soñaban dormidos los sueños que pretendían realizar  y  que soñaban  también despiertos.
 Un extraño  sueño  despertó sobresaltada  a Doña Alejandrina: soñaba  que  paseaba por la orilla de un río buscando  un sitio donde llegar a las aguas y tomar un  baño, ya  que un abrasador calor  la invadía y  sudaba   profusamente.
 Al  abrir sus  ojos,  efectivamente  Doña  Alejandrina sudaba abrazada a su esposo Juan  De Dios. El también   despertó  sobresaltado. Miraron el   reloj  despertador que para  aquel  amanecer  no habían  escuchado como era costumbre.  El  reloj  marcaba  las  once  de  la  mañana y  para  esa  hora la temperatura  alcanzaba los  treinta  grados  centígrados.  Hicieron uso  del lavabo  y  se dirigieron  al comedor del hotel  en  busca  del  desayuno.  Obtuvieron información  adicional sobre  el  pueblo  y  salieron  a caminar en  busca  de una vivienda en alquiler que  les  permitiera establecer domicilio   en  aquella población  y  desarrollar   alguna  actividad  comercial de acuerdo a las aspiraciones  de la  pareja.  Después de recorrer  por algunos  lugares  del pueblo  solicitando  la vivienda  en alquiler y conversando con algunas  personas  que  curiosamente  también  les hacían  preguntas al notarlos  que eran  forasteros, los recién llegados lograron   ubicar  una  casa  que daban  en arrendamiento.
 Era  una casa de  bahareque  construida en  un lote  de mayor  tamaño  al que ocupaban las dos piezas,  la sala, la cocina y en el fondo un solar  que tenia      árboles  de naranjos,  nísperos, caimitos, sapotes,  unas  matas de   bananos  y plátanos   e  incluía   un servicio  de  letrina a la que se accedía por medio de gradas, letrina  construida en ladrillo quemado y  cemento  y que sobresalía  del  nivel  común del  resto  de la casa.
  La  casa pertenecía  a  una dama  del   pueblo que  tenía   varias  para  alquilar.  Don Juan  y Doña Alejandrina dialogaron ampliamente  con la  propietaria  del inmueble intercambiando  preguntas  sobre  inquietudes que  las  partes tenían acerca de cada quien.  Acordaron                                      las condiciones del contrato   y  los  esposos  resolvieron  volver  al hotel  donde  se habían  hospedado  y  dejado  sus ligeras  maletas.
 En  el  retorno  al  hotel   observaron con  mayor  cuidado las actividades  que  realizaban  los lugareños, procurando entrever  o vislumbrar indicios y  factores  determinantes  para  establecer  alguna  clase  de negocio,  ya   que   el  propósito  de  la  pareja  era  el de  vincularse  al  comercio.
 En  su  recorrido  aparte  de  lo observado  el día   anterior vieron  que  el  consumo  de  tabaco era   abundante.
Al  regresar  a  la  vivienda  que  habían  alquilado  hablaron  de nuevo  con la arrendadora quien vivía en la casa  contigua, enterándoles  sobre lo  relacionado  con  el  tabaco  y  los dulces.
 La  arrendadora  les dio  indicaciones    sobre  la  forma de   producir  el  dulce y  donde  conseguir  los  tabacos.  Don Juan le averiguo  a  su  interlocutora  donde encontrar  una  carpintería.
  Manifestándola   a  su  esposa  que  iba a salir  de nuevo, esta vez  solo, Juan De Dios   se  despidió  no  sin  antes   decir   a  Alejandrina que  regresaría   pronto.
  Al  cabo  de  dos  horas   Don Juan  de  Dios  regresó  cargando  a  sus  espaldas  un  bulto consistente  en  un saco  de fique  usado  para  empacar. Empezó a desempacarlo de inmediato.  Extrajo de él   dos  ollas, una  chocolatera, un  molinillo, dos platos, dos  tazas, dos  cucharas, un cuchillo  y  víveres para la cocina.
Luego  de dejar  a disposición  de  Doña  Alejandrina  estos  elementos Don Juan   salió de  nuevo  de  la  casa y se dirigió   hacia  la parte  comercial  del  pueblo,  sector  comprendido  por  la PLAZA  GRANDE  Y LA PLAZA  CHIQUITA.
 Observó  en  detalle   los movimientos  comerciales; llegó  a  una  tienda  donde  vendían  madera aserrada  y  compró  una  tabla cepillada, un   bastidor  y una  caja  de clavos de dos pulgadas.  Se  dirigió   a  la  carpintería  cercana   donde  previamente  había  hablado  con  el   maestro carpintero para  que  le  construyera  una  chaza,  entregó  los  materiales  al carpintero  y  una  vez  mas  le  explicó   la  forma  en que  debía   elaborar el   elemento   que  seria  básico   para  iniciar  su actividad  comercial al día  siguiente.
Juan de Dios recorrió gran  parte  del  pueblo  y  logró comprar  cuatro  atados  de tabacos  comunes, dos paquetes de  tabacos  especiales, una  paca  de  cigarrillos K.D.T. , una  decena  de cigarrillos EL SOL, llamados  popularmente patialzados, cinco paquetes de dulces de panela y dos  paquetes  de dulces de azúcar, además  de  un  cuadernillo de  papel  para envolver.
 Empacados  en  su  costal  de fique   los  elementos  antes  relacionados, Juan De  Dios   regresó   a la vivienda  donde  dejó la mercancía  sobre  una  mesa  que  le había  prestado  Doña  Arcenia, su vecina  y  arrendadora.
 Al  llegar  a casa  Doña Alejandrina  recibió  a Don  Juan  con una  tazada  de CLARO y un pedazo  de  PANELA. Juan  De Dios   degustó   ansiosamente  estos comestibles,  el primero residuo  acuoso  del  maíz  que  se  cocina  para  preparar arepas y la panela extraída de la caña de azúcar.
Juan de Dios no había  terminado  con   este  platillo  y   ya  Alejandrina  le  estaba  sirviendo    la comida:   frisoles, arepas,  chocolate,  carne de res, carne de  cerdo, huevos  fritos  y  un exquisito  aguacate   caucano. Con  avidez Juan De Dios  consumió  los  alimentos    de la comida  y se  retiró  de  nuevo a  explorar  las  calles   polvorientas  y encharcadas  de aquel  bello  puerto  fluvial. En  su  caminata  saludaba  a las personas  que  encontraba  a su  paso, los  locales  respondían, con vehemencia  algunos  y otros  con  reticencia y desconfianza. Los parroquianos se  preguntaban  con curiosidad:  ¿quien  es  aquel forastero de sombrero   carriel  y poncho que   desde   el  día  anterior está    caminando   por  el  pueblo? ¿Será  un  paisa   godo    o   será   liberal?   ¿De  donde viene?  ¿Que  lo traerá  por  este  pueblo?
  Estos  interrogantes  empezaron  a  dilucidarse  cuando  Juan  de Dios  entró  en LA SECRETA, una  tienda  donde tertuliaban  y  consumían  licor  varios  parroquianos. Al ingresar Don Juan  saludó a  los  contertulios  en  forma  general  y  solicitó  un  trago de  aguardiente. Se ubicó  en la barra.
 Atendiendo al publico en  el mostrador  o barra  se encontraba  un hombre  negro  de  gruesa  contextura que  le respondió  el saludo   y le preguntó a Don  Juan De  Dios   si le servía un trago  doble  o sencillo. Juan  respondió  que  doble. El cantinero sirvió el licor. Juan  cató  un poco  el trago y luego introdujo  en  su  organismo  el resto   en un  solo  sorbo. El  doble era un trago  servido  en un vaso cervecero mediano  casi  lleno.
Juan de Dios miró  a  su  lado y vio a un  contertulio  que  tomaba  cerveza  y mascaba  tabaco, un apuesto  negro  de  unos  veinticinco  años    que  parado al  lado  de la barra  lo miraba con curiosidad y deseos  de dirigirle  la palabra  mientras  sostenía  el pisador  o cabestro de  su caballo QUITA PESARES   que  a cambio de tabaco mascaba  freno  en el    corredor  o  halar  del  local.
El Paisa y el lugareño  se saludaron al  mismo  tiempo   y  empezaron  un dialogo con previa  presentación. El  negro  manifestó.  Yo soy SIMON GUEVARA.  ¿CUAL      ES       SU    GRACIA?   JUAN   DE  DIOS DURANGO,  para servirle respondió el paisa.
 Enseguida  Juan   De Dios  pidió otro trago y una cerveza. En esta tanda Juan De Dios  se tomo  en dos sorbos el   doble.
 Para  entonces Simón Guevara ya  había pedido  otra ronda de licor. Se  cruzaron de preguntas.
Después  de  unos  cuatro tinteros Juan   De  Dios   se despidió de Simón   no  sin  antes  escuchar   de su  contertulio la manifestación  de su amistad a disposición  y la invitación   a  visitar  su  finca. Gracias  don Simón, inquirió el  paisa. SIMON GUEVARA ERRE ERRE  de  VUELTA LARGA, su servidor y amigo,  inquirió el negro.
 Juan de  Dios   salió  apresurado. Simón  Guevara   prosiguió  tomando  cerveza,  mascando  tabaco  y  jaloneando  el cabestro de  su  mancobero.
   El   sol  estaba cayendo  en el ocaso. Juan se dirigió a la carpintería. El  maestro de la madera tenia lista  la chaza, Juan  la revisó  y  quedó satisfecho  con el trabajo y diseño  que realizó  el carpintero. Sacó  de su  carriel  unas  monedas, pagó  lo acordado por la elaboración del adminículo  y  tomándolo se despidió. De regreso a    casa pasó  por  la  colchonería donde previamente había  comprado  un colchón  de paja  el cual amarró   de  tal forma   que  le  fuera  fácil  llevarlo al   hombro  y  encima  de este  el  colchonero  le colocó  la  chaza.
 En  pocos  minutos Juan estaba de  regreso a la casa. Descargó  la  chaza  y el colchón  y para  entonces  ya  Alejandrina  le  tenia  servida una tazada  de  chocolate  con arepa  que  de inmediato  Juan  consumió con avidez. Luego   extendió    el colchón en  una  de las  alcobas de la casa alquilada y enseguida   se  dedicó  a examinar   la  chaza  y  las mercancías que había  comprado. Doña  Alejandrina le  interrumpió con  la cena. Eran más o menos las siete de la noche. Juan  engulló  rápidamente  la  comida  y se dedicó  de  nuevo  a revisar  la  mercancía.
 La  chaza quedó  lista  para el  día  siguiente   en que  Juan  madrugaría a iniciar  su  labor  comercial en aquel  pueblo  caucano, en la  Plaza Chiquita,  lugar escogido para  ubicar  su negocio. Revisó  su carriel   y  pudo  establecer que le  quedaba  un billete  de cincuenta  centavos  y  unas  pocas  monedas.
A la mañana siguiente   se   levantó  muy  temprano  y  después  de ingerir un frugal  desayuno  cogió  la chaza, la   mercancía  y se dirigió    al  lugar escogido  para  iniciar  su  actividad  comercial. En el camino Juan cayó   en cuenta de que le faltaban  fósforos, los que  eran  indispensables como complemento  de  sus mercancías. De paso al lugar de su nuevo trabajo compró en  una  de las tiendas,  que estaban abiertas  desde las cinco  de la  mañana, una  docena de  cajas  de fósforos  EL DIABLO,  muy  populares  por aquella época.
Se estableció en el   punto de  venta a  las  cinco y  media de   la  mañana. A  esa  hora el  pueblo ya tenía  una  gran  actividad  humana. Las  personas  iban y venían   por  el  sector,  algunos  dirigiéndose   a  sus  fincas  cacaoteras  principalmente, y otros  hacia  el RIO PALO, al  muelle  o embarcadero, donde  los  barcos  a  vapor, las  canoas,  los  champanes  y  las  balsas   llegaban  y  salían  con   procedencias,  destinos y  cargas  diferentes.    
   Pasados  algunos  meses  de la llegada al Puerto, Juan de Dios  logró    con  la  venta   de  tabacos, fósforos, cigarrillos  y  dulces, recoger  un capital   que  le permitió  arrendar  un  local  en la Plaza Chiquita  donde  organizó  una  fonda o tienda  en la cual empezó a vender  víveres, incursionando  además  en la   compra de  granos  producidos  en la región, especialmente  cacao, café, maíz  y  fríjol.
 Organizó   su local  de tal  manera   que  coordinaba la  venta  de  víveres, abarrotes, tabaco    licor  y  compra  de  granos.
 Estas actividades    se iniciaron en el   local, aproximadamente  seis  meses  después  de  llegar  a Puerto Tejada.
 Así  empezó    a  conocer  la idiosincrasia  de  los  pobladores         de aquella  región, por  cierto afectos  al licor  y al  tabaco, situación  que aprovechó  Juan   para  sacarle  partido económico al  combinar  la compra venta  de  granos  y  bebidas  en su negocio.
 Los  lugareños  empezaron a interactuar con el   paisa, vendiéndole  los  granos  y  comprándole  sus abarrotes, víveres, tabaco  y licor,  además de  insumos  para  la agricultura  y ganadería, esta  última  incipiente.
 Los clientes, en su  mayoría  negros  empezaron a  brindarle y tener  confianza en el Paisa, al  grado de  que  le  dejaban en custodia los dineros sobrantes de  los  intercambios  comerciales que realizaban al venderle sus cosechas y comprar mercancías, lo  que  le atribuyó  a Juan de Dios  responsabilidades y funciones bancarias.
 Esta  nueva actividad dejó  dividendos  cuantiosos  al paisa, ya  que  los  depositantes poco  o  nada sabían de  números y  en  consecuencia de  contabilidad, oportunidad que fue  aprovechada  por Juan para aumentar  sus ganancias económicas,  iniciando así      un vertiginoso  ascenso patrimonial y fortalecimiento en el comercio con base en   la   especulación.
 Las  inversiones se multiplicaron  en forma espectacular, iniciando la compra de   propiedades  rurales, urbanas en negociaciones  que realizaba aprovechando  el desconocimiento en materia de  contabilidad  de  los nativos, lo que hacia  con gabelas  a su  favor.
  Juan incursiona  igualmente en  el  mercado  accionario en el sector financiero  llegando incluso  a ser  socio  del  Banco  de   Colombia.
 Estas  actividades  conjugadas  con las necesidades  de  los lugareños   le  dejaron dividendos que en unos  seis  a ocho años   de radicado en el  Puerto   lo  llevaron a ser  uno de los magnates  de  la ciudad de Cali, dónde  radicó  su  residencia  sin   apartarse  domiciliariamente  de su actividad  comercial en el Puerto,  donde continuaba  atendiendo  a sus clientes,   a los  que  comprometía  con  créditos  en  dinero  o   especie.
Juan  sacaba  múltiple  provecho de los créditos que concedía a los nativos, ya  por  razones  contables, ya por  aprovechamiento del  afecto  al  licor de estos, a  quienes  recibía  en  su negocio  bajo el  brindis  de   un  tintero  de aguardiente.
El licor brindado y vendido  a sus clientes era en su mayoría  de contrabando.
El licor de contrabando   era  de  amplia  venta en  la región por ser  de  mejor  calidad que el  licor  oficial que  se  producía  en  la  destilería  del departamento del  Cauca, destilería que estaba ubicada en  la    hacienda de  Japio,  pretéritamente cuartel de las guerrillas  del Libertador Simón  Bolívar, en   el municipio  de  Santander  de Quilichao.
 Por lo general  al llegar los clientes al establecimiento comercial, el  primer  trago  de licor era brindado por  Alejandrina, la esposa de Juan, obedeciendo  a las órdenes  de su marido.
 En adelante era Juan quién  continuaba   brindando licor a los clientes hasta lograr  sus objetivos non sanctus.
En este intermedio  de  tiempo   también  el patrimonio  familiar  de Juan  de Dios empezó a crecer  con  el   nacimiento  de Alicita, su primogénita, una    hermosa y lozana niña   que   a los  pocos  meses  de  nacida  gateaba  por los pisos del establecimiento comercial EL CENTAVO MENOS.
Esta fue la  denominación  que  dio  Juan de Dios  a su negocio  de miscelánea donde  se  conseguía  desde  una aguja para remendar  hasta  una  lámpara de gasolina COLEMAN  pasando por abarrotes, herramientas, pólvora, armas, telas, elementos  varios,   artículos  suntuosos y  de  primera  necesidad  que  ahora expendía en su negocio ubicado  en la PLAZA  CHIQUITA  del  Puerto, pero en local grande.
Por aquella gran época comercial del Puerto, en el  negocio o         establecimiento  comercial  de Juan el dinero se depositaba   en  cajas. No eran cajas   fuertes, sino  cajas  de cartón,    en las que venían  empacados  los  cigarrillos  Pielroja.  También se depositaba el dinero en talegos o en costales de  empacar   granos.
Alicita regularmente  volteaba  las  cajas y doña Alejandrina se  dedicaba  a recoger  y  empacar  de nuevo  los  billetes  y  monedas cuya  denominación era para  el  papel,   de cincuenta  centavos  y  un peso, y  las  monedas de  medio centavo  hasta  dos  centavos.
 Alicita jugaba  con  estos  elementos  circulantes  de  los  que  ignoraba  su  significado pero de los cuales  gustaba  instintivamente  y   la rodearon  desde aquella  edad.
 Alicita  era  admirada  por  los  habitantes de aquella  región   que  visitaban  el  negocio  de  su  padre,  personas  en  mayoría  negras,  en medio  de los  cuales  fue  creciendo   con admiración  por  algunos  y con envidia   racial  por  otros   que  observaban   sus  travesuras  y  le  llamaban MONITA.  Algunos  la cargaban   y  les  seguían  sus juegos,  unos  con  cariño, otros  por  conveniencia   ya  que  al mostrar  admiración por  la  bebé lograban  conseguir  los  favores  de  sus padres  con  mas  facilidad,    con  mayor  énfasis   por  aquellos  contertulios  que  permanentemente  degustaban  de  la cocha  oficial  y  de  la otra  que  expendía Juan de Dios en  su negocio,  al igual  que  los tabacos  de  contrabando, por  aquel   entonces  rigurosamente  controlados   por  las  rentas nacionales  y  departamentales  a  través   de su  cuerpo  humano armado denominado LOS CELADORES, convertidos   en  LOS  CHULAVITAS  O PAJAROS  que mas tarde empleó el  gobierno  conservador    para  perseguir  a  los LIBERALES  con el  fin  de exterminarlos  y  perpetuarse en el poder, etapa en la que igualmente se produjo  la  muerte   de  JORGE ELIECER  GAITAN, hecho  que  desató  el llamado BOGOTAZO  Y LA VIOLENCIA EN COLOMBIA  A PARTIR  DE   1.948  HASTA  NUESTROS  DIAS.
El  fenómeno socio político antes enunciado     generó  un masivo   desplazamiento humano  tanto rural como    urbano,   acarreando  ello    un  aumento  de  las operaciones  comerciales  en propiedad raíz, ganado, enseres, joyas y objetos  varios, operaciones comerciales  en  las  que Juan de  Dios   participaba  activamente  con su  mentalidad  mercantil  del paisa, logrando dividendos  que  alcanzaban   porcentajes  exorbitantes,   utilidades  que  redundaban   favorablemente   en  el  patrimonio  del  paisa.
Juan compraba  tierras,  ganados, casas , apartamentos, acciones, mas  acciones, café, cacao, maíz, dejándole por  cierto  doble  utilidad  la  compra de grano,  ya  que  se lucraba  tanto  del  precio  como de la pesa, siendo  los  precios  muy  por  debajo  del  estándar del  comercio, las libras de  mil gramos, las arrobas  de  treinta  libras, cuando de  comprar  se  trataba. Utilidades, réditos  y  consignaciones  que  dejaban  los  clientes se sumaban  y multiplicaban el  patrimonio de Juan, al mismo tiempo que su popularidad crecía  hasta el  punto   de que era  el hombre mas  solicitado para oficiar como   PADRINO de bautismos, confirmaciones y  matrimonios, además  de que ejercía como  consejero  matrimonial, perito  y  árbitro en  diferentes  materias. Numerosos ahijados  y  compadres  tenía  Juancho.
 Para el tercer decenio del  siglo   XX   Alicita   había   crecido, por  lo que  fue trasladada  a Cali  para  que continuara  sus estudios, después  de haber  cursado  dos  años  de  primaria en el municipio de Puerto Tejada  en el  Colegio Parroquial  que dirigían  las Hermanas  Redentoristas  que  por  aquella  época   trabajaban  en la evangelización y en la  educación.
Ingresó Alicita  a estudiar  inicialmente  en  un internado para  Señoritas, igualmente  dirigida  por religiosas  de  una  comunidad diferente   a  las que  educaron en el puerto. Los  padres   optaron  por  matricularle  en  esa institución  educativa religiosa con   el ánimo de  que en ella se prosiguiera  cultivando la  vocación religiosa que había mostrado en el transcurso de la primaria, pues  como  paisas  creyentes de   la  Fe   Cristiana  Romana,  deseaban  tener una  monja  en  la  familia.
En sus quince años Alicita fue presentada ante la  sociedad en una gran fiesta que se realizó  en el club San Fernando de Cali. Posteriormente se llevó a cabo la fiesta familiar en la residencia del barrio el Peñon. A la reunion asistieron un número apreciable de militares. Alicita empezó a sentir atracción por los uniformados y sus charreteras.
En el  bachillerato,  por aquel entonces  iniciado  después del Sexto de Primaria, que era  el   Básico,  para luego  continuar  de  Primero  a  Sexto  de Bachillerato,   con  asistencia  externa al colegio, Alicita   abandona  la vocación  religiosa.
 Don Juan  había  destinado  una  de sus  casas  en Cali  para  que  Doña  Alejandrina  se dedicara  a  vivir  con Alicita  y  velara  por su  estudio.
 La  vivienda estaba  ubicada  en el  barrio  El Peñón,  por  aquel entonces  cuna  de la    burguesía  o  clase social alta de  la ciudad. Desde  allí,  Alicita   empezó  a  asistir  a  su  colegio, acompañada  de  su niñera   de ida y vuelta a  casa, al inicio  y  fin  de  las  clases. Digamos  que  no era  muy  buena  para  el  estudio. Repitió  el  Primero  de Primaria, el  Primero  y  el  Segundo  de  Bachillerato, y  solo  hizo hasta  Cuarto  de  Bachillerato, graduándose  con  énfasis  en Comercio,  restándole  los  dos años  para  el  bachillerato   clásico o  básico de  secundaria.
En la etapa de su secundaria la vocación o inclinación  religiosa  de   Alicita  feneció,  mostrando conductas de indisciplina, lo que  requirió  de  frecuentes  llamados para sus  padres, a  fin   de  enterarlos  de  las faltas a la disciplina y conducta en  su  colegio.  
Ante  la perdida   de la  vocación religiosa de Alicita,  los padres  optaron  por ensayar  la vocación  matrimonial de ella lo que fue en  consecuencia  razón para  que  invitaran  a las  fiestas familiares y    de cumpleaños a  un   apreciable   numero  de jóvenes    militares,  considerados   por  esa  época   un  gran  partido  para  desposar a  las  doncellas,  mas  aún  siguiendo  la  corriente  militarista  que  se  había    iniciado  en   la familia, tras  el  matrimonio  de  una  pariente  con  un destacado  militar  de  alto rango  que  generó un   Golpe  de Estado en Colombia a  mediados  del   Siglo  XX  apoderándose  de   la   Primera  Magistratura   de  la Nación,  salvando  al resto del pueblo liberal que supervivía a  la campaña de exterminio que realizaba el régimen conservador de Laureano Gómez y Mariano Ospina Pérez contra ese partido.
El deseo de los  padres de Alicita era el de que esta se casare con  un militar  y para ello  continuaron preparándola, realizando  periódicamente  reuniones  sociales donde se  destacaban  por asistencia  los  miembros del  ejército  nacional,  incluido el   por  aquel  entonces coronel   comandante del batallón militar de la ciudad de Cali, quien  contrajo  matrimonio con  una de sus parientes. 
 A los  veintiún años  terminó Alicita  su  bachillerato clásico  y con ello marcó el  hito de su  desgraciado matrimonio con el  Capitán  Rincón, un santandereano del sur,  de  humilde familia  con vocación  militarista, a quien  conoció   en una de las reuniones que periódicamente se realizaban en casa  de  su tía,  esposa  del Coronel  comandante  del  Batallón  Pichincha.
Bombos  y platillos,  cohetes, trique traques, arroz,  lentejas y  calle  de  honor con bayoneta  calada para los  novios. Una despampanante  novia  vestida  de  un exótico  traje de  goryet, satín, encajes  y velo. Los  pajecitos  y damas  de  honor  se  veían   difícilmente  comprometidos  para ayudar a la  novia  en  la  conducción  de  la  cola del vestido y el   velo. El  casino de  oficiales  del Batallón Pichina acogió  a  los novios  donde pasaron la primera  velada  luego  de la ceremonia  religiosa que  fue  precedida  de  la fiesta de vísperas que  por  aquel  entonces  era  costumbre  celebrarse  antes  del  rito  matrimonial  matutino, ya  que  las  bodas   se realizaban  en  las  horas  de  la  mañana  apenas  entrada  el  alba. Luego se  dirigieron a  la  residencia de los padres de la novia  donde se  le entregó  la  dote a  la  desposada: un lote  de  terreno en  el  barrio  San Vicente de Cali,  una  cuenta corriente  con apreciable  saldo  y  pasajes para el  viaje  de bodas a la ciudad luz,  de donde regresarían a  construir bajo la dirección de la pareja la mansión donde residirían,    teniendo como  modelo  el  plano  plagiado  de una   casa  parisina. La  dote  también  incluía  un automóvil marca CADILLAC importado  directamente por  el padre de Alicita, vehículo de cuya  producción  solo entraron  cuatro a Colombia.
 Mientras  los desposados  construían  la  casa  de  habitación, ocuparon como residencia  una  casa fiscal de las  que  el  Ejercito Nacional  Colombiano  dotaba a sus miembros  activos, especialmente  a los  Oficiales, casa donde residieron  luego  de pasar  luna de miel por  veinte  días   en Paris.
En la  casa fiscal  Alicita  disfrutaba de las paradas  y  desfiles  militares, actos que eran para ella de  su  agrado. Al mismo tiempo Alicita también  dirigía la construcción  de su  casa  con la asesoría  de un ingeniero   civil,          desplazándose   continuamente  por  la  ciudad  en  compañía  del  chofer  oficial de  su  esposo, mientras  que este  se dedicaba  a  la  milicia.
 Catorce  meses duro  la  construcción de  la  mencionada  vivienda dotada de una  sala  de  ocho  por  veinte metros, seis  alcobas principales y dos cuartos de huéspedes, dos cuartos  para la servidumbre, comedor  principal y auxiliar, tres halls, antejardín, jardín interno con  fuentes, biblioteca, garaje doble, cocina, piscina y  balcones  interior y exterior en el  segundo  nivel. La vivienda fue adornada  en tal magnitud que daba  la  impresión  de ser  una bisutería.
Los  esposos empezaron  a disfrutar de una  vida  matrimonial  y  social muy activa, incursionando  con   frecuencia en reuniones  sociales, militares y  de gobierno.
 Don Pedro ascendió  a Mayor  del  ejército. Sus  viajes  al exterior  se hicieron  frecuentes en razón  a la  asesoría que en materia de compra  de  armas  realizaba  para el gobierno. Visitaba las instalaciones de  fábricas  de  elementos bélicos  en  Francia, Alemania, Bélgica y España. En este último  país  fue  obsequiado por  una  fabrica  de armas   de una  pistola  de  plata  calibre  25, la que  se  constituyó   en  el arma  de dotación  de  la  familia. Posteriormente esta arma seria usada en  contra del Coronel en una tentativa de homicidio, por  parte de Alicita.                                                El  tiempo  transcurría  y la pareja  esperaba  concebir  su hijo primogénito. Esta concepción  no llegaba y los  esposos se fueron preocupando por  la  situación  que se iba  acentuando con  la insistencia  de Don Juan Dios  que reclamaba  a los  esposos Rincón Durango que le dieran un nieto,  con mayor  énfasis  por  ser  Alicita hija única. Ante  la inquietud  por  el primogénito  y  el correr del tiempo  sin que se realizara el embarazo, Alicita empezó  a consultar   con  destacados galenos locales. Siempre le atribuyeron a ella la  infertilidad, realizándole  diferentes tratamientos a fin  de  que   pudiera concebir. Los resultados  fueron negativos.
Por fin consultaron con un  médico de apellido Saldarriaga  que atendía  la clase  popular en el barrio Obrero, de Cali donde tenía  su consultorio en el marco  del parque, por aquel entonces sector  de  concentración de los  galenos. El médico   conceptuó  que Alicita era mujer fértil, completamente  posibilitada para  concebir  y dar  a luz  muchos  hijos, insinuando  además  que  se debía  orientar  la  investigación  de  infertilidad  hacia su esposo Don Pedro.
 Al  principio el Mayor fue  renuente a  exámenes médicos  pues  su  orgullo  de  militar lo alejaba  de aquella  posibilidad de  infertilidad. Después de un  periodo de resistencia Don Pedro bajó la  guardia  y aceptó someterse a un examen medico por parte del galeno  del barrio Obrero. El  concepto de esterilidad fue confirmado  sobre la persona del mayor Rincón. El galeno confirmó  que don Pedro tenía  una obstrucción  entre el  epidídimo y el  conducto deferente. El  militar se negaba  a dar crédito al   concepto del galeno.
Los  esposos viajaron a Bogotá  y se sometieron a nuevos  chequeos médicos en el  Hospital Militar. Los exámenes  confirmaron los conceptos médicos del galeno caleño. El especialista bogotano manifestó   que este  inconveniente de infertilidad se resolvería  con  una pequeña cirugía de carácter ambulatoria que  requería  unos  pocos  días  de reposo para luego entrar a  copular y a hacer  muchachos.
Los esposos a pesar  de  los  diferentes  conceptos médicos made in Colombia,  optaron  por  viajar  al  exterior, propiamente a  Francia, en busca de nuevos  conceptos  de galenos extranjeros,  abrigando  la  esperanza de que no fuere  necesario la intervención quirúrgica a la  que  el militar  le tenia  reservas, ya  que en esos aspectos le causaba  pánico hasta una inyección que por esa epoca se  aplicaban con jeringas por  cierto metálicas y reutilizables.
 Llegaron a  Paris y se hospedaron en  el  hotel  RITZ                      desde  donde  se desplazaban  en busca de consulta  con galenos  especializados en  urología  y  ginecología,   los cuales les  confirmaron  los conceptos  de los médicos  colombianos. Ante  esta situación los esposos Rincón Durango  resolvieron que  el  mayor debería  someterse a la tal cirugía ambulatoria  que igualmente  dictaminaron los  médicos franceses. Realizaron   las  diligencias  pertinentes y optaron  por  acudir  a uno de los galenos  que  había  conceptuado sobre  la opción  de la pequeña  cirugía.
 El galeno parisino ordenó  de otros rigurosos exámenes para luego hospitalizar a Don Pedro. Dos días después de internado El Mayor fue intervenido quirúrgicamente no sin antes escuchar del médico cirujano, las instrucciones previas y posteriores a la operación, entre otras, de que la  convalecencia sería  un periodo mas o menos de quince  días de reposo y  después  a copular: a hacer muchachos.
 Pasó la  intervención quirúrgica que  de por si fue libre de inconvenientes, tres días posteriores de hospitalización  y alta a Don Pedro que  debía de asistir cada  tres días a control o chequeos pos-operatorios, hasta cumplidos los quince días de abstinencia prescriptos. El último chequeo y chao Pedro y Alicita, a iniciar la faena  sexual, a  reproducirse  y preservar la especie, jocosamente les manifestó  el médico.





LA DISFUNCION ERECTIL CLINICA

Pedro y Alicita  se dirigieron al hotel y desde la habitación solicitaron el  servicio de comida, una botella de coñac y una de vino seco.
 Previa a la cena tomaron dos copas de vino, consumieron la cena, reposaron un rato, se ducharon, tomaron algo así como un cuarto de botella de coñac. Alicita ansiosa empezó a insinuársele a Pedro; este inició el preludio amoroso acariciando a su esposa. Esta  se encontraba vestida con pijama,  levantadora, pantis y brazzier. Pedro empezó a despojar de dichas  vestiduras a su mujer: levantadora, pijama, brazzier y pantis. Resaltó a la vista un cuerpo escultural, blanco porcelana, torneado y terso. Unas mamas erguidas, rosadas, con terminaciones  carmesí de los pezones. El cabello Luongo y encrespado, un bello púbico  rubio y brillante como su cabellera. Pedro acariciaba el cuerpo de su amada esposa. Esta reía y se retorcía  enredándose en las sabanas, ansiosa de una penetración. Pedro acariciaba el cuerpo de su esposa llegando hasta  los pétalos  de su flor de primavera  deteniéndose en el pistilo y libando el almíbar  de su amada Alicita;  aquella reía,  gemía, se retorcía en espera del introito, y nada, nada de nada. Pedro seguía acariciándola y tocaba su  miembro procreador alternativamente con las caricias de Alicia al mismo. Extrañamente su apéndice de género masculino no respondía con la erección  a estas actividades, seguía flácido. Alicita  pedía con insistencia la penetración. Pedro entraba en confusión mental al  ver  que su miembro viril no respondía ante las diferentes caricias. Alicita  adoptó por darle un masaje oral a ver si este respondía. El apéndice externo de Pedro no se motivaba. Pedro optó por  realizar el beso francés. Al fin y al cabo estaban en Paris. Se enconchó en  la horcajadura  de Alicita, conjugó   varios verbos terminados en ar y en er   hasta que Alicita  alcanzó el orgasmo.  Pedro no  alcanzó  clímax alguno. Alicita por el momento estaba satisfecha.
 Después  de esta sesión dialogaron  sobre el particular. Llegaron a pensar que quizá  era el temor pos operatorio que no dejaba que Pedro ereccionara, ya que con anterioridad  a la operación el era muy ardiente aunque no fértil. Tomaron otros tragos de coñac e igualmente  una nueva ducha.
 Alicita entro en sueño profundo después del relax conseguido con el beso francés que ejecutó su esposo. Pedro se dirigió al baño, ya que no   lograba  conciliar el sueño. Examina su falo despojandole el prepucio y mirando su glande. Solo flacidez  encontraba en su  miembro principal de reproducción. Pensaba y meditaba sobre este impase, será o no será lo que pienso?
  Se dirigió de nuevo a la alcoba y  enterado de que Alicita continuaba dormida, roció con coñac su apéndice procurando que esto motivara la erección. Esperó por  minutos, horas.. y nada. Mientras  tanto contemplaba el cuerpo desnudo de su amada que lujuriosamente se habia dormido en una posición insinuante.  Repasaba el cuerpo y  tocaba insistentemente su falo. Nada. No se le ereccionaba. Tomaba uno, otro y otro trago de coñac. Por último terminó ebrio ante el consumo del resto del contenido de la botella. Quedó dormido hasta que Alicita lo despertó  en horas de la mañana, acariciando su cuerpo y  particularmente el falo. Alicita  estaba ya excitada cuando despertó su marido. Notaron que las motivaciones no eran respondidas.  Insistieron y por nada fue posible  la erección. Optaron de nuevo por el sexo oral.
Alicita  empezó a conjugar sobre el cuerpo de Pedro verbos terminados  en aba, y nada.  Pedro le dio  por  segunda vez  a su mujer un  extraordinario beso francés. Verbos terminados en ia y aba sobre el cuerpo  de Alicita conjugaba. Esta también verbos terminados en aba conjugaba  en la terminación pro creativa de Pedro y nada. Por  último Alicita  alcanzó de nuevo el orgasmo mas  intenso de su vida, sería el  último en Paris. El pistilo y pétalos de su capullo en flor quedaron  alterados  por los ejercicios bucofaríngeos  que le hizo su marido ante la muerte del pájaro en su jaula. Después  del clímax Alicita durmió  de  nuevo.  Pedro  seguía  preocupado por la situación, el tiempo de regreso a Colombia se agotaba. El militar debía  de reintegrarse a su cuartel al tercer día siguiente. Durmieron  hasta  las horas de medio día  en que solicitaron almuerzo a la alcoba. Almorzaron después de tomar una ducha. Luego salieron a visitar por  ùltima vez al medico cirujano  y a comprar algunas mercancías  para llevar  a Colombia. La visita al médico fue  breve. El galeno les recomendó  continuar  en sus pretensiones sexuales hasta que Pedro superara el trauma pos-operatorio, que era lo que le impedía la erección. Eso dijo el medico. Les recomendó  algunas medicinas, especialmente de tipo  afrodisiacas entre  ellas Píldoras de Vida Del  Doctor ROOS, por aquel entonces la panacea de los laboratorios farmacéuticos. Les pidió un poco de espera, un poco de paciencia,  manifestándoles que ya en Colombia, fuera de preocupaciones en  razón al reintegro del  militar, las cosas cambiarían.  Las dos noches siguientes que  pasaron  los esposos en Paris fueron de meditación, y ante la molestia  que  Alicita padecía  no insinuó alguna manifestación de deseo sexual,  lo que fue  interpretado por Pedro, como una tregua hasta la llegada a su patria. Regresaron  a Colombia  viajando a través  de la línea aérea  K L M  hasta  Caracas y luego  tomaron una nave de SKANIA  de Caracas  a Bogotá y de la capital colombiana a Cali un avión militar.
 En Cali fueron recibidos en el aeropuerto el Guabito, pista de aterrizaje  que fue reemplazada por el de Cali-Puerto, hoy CAVASA. Fueron recibidos por el padre de Alicita y algunos militares que en su convoy  los condujeron a su casa del barrio San Vicente.
En la residencia la pareja era  esperada por la   madre de Alicita además  de familiares y amigos  que les realizaron un corto pero cálido agasajo.
 A las siete de la noche los visitantes se retiraron. Fueron prudentes a fin  de dejar que los viajeros  reposaran. Esa noche los esposos se acostaron temprano a fin que Don Pedro pudiera madrugar a ponerse al frente de su actividad militar en el batallón local. La noche paso sin pena ni gloria ya que no hubo ninguna insinuación sexual de parte de alguno de los esposos, el día siguiente en la tarde, el mayor regresó a casa después de cumplir con la presentación ante sus superiores, quienes incluso le manifestaron de que ya estaba enlistado para el próximo curso de ascenso a Coronel que debería iniciar en el termino de dos meses. Pedro comunicó a su esposa el futuro de su carrera, ésta se sintió muy motivada y le dijo a Pedro que esa noticia le era muy agradable y que deberían celebrar. Fue así como esa noche se prepararon una velada, Alicita ordenó  una cena y una vez servida y consumida se dispusieron a tomarse unas copas. Destaparon una botella de coñac, bebida de ellos predilecta y además con propósitos que sirviera de motivador o afrodisíaco para iniciar de nuevo la faena sexual para comprobar la eficacia viril de Pedro.    Tomaron  una otra y otra copa en el estar, luego Alicita insinuó que se dirigieran a la alcoba llevando la botella de coñac. Hicieron un nuevo brindis y se dispusieron a ducharse. En esta oportunidad Alicita insinuó que tomaran la ducha juntos. Pedro aceptó. Entraron a la ducha. Pedro se desnudó y empezó a despojar de las ropas a su mujer. Abrieron la llave del agua, se mojaron y se empezaron a enjabonar  mutuamente acercando sus cuerpos y acariciándose.
                                                                                                                                                                                                Se contorsionaban y palpaban sus órganos sexuales. Pedro conjugaba el verbo primario de alimentación de aquellos seres que llaman mamíferos sobre esas glándulas externas y sobresalientes en el tórax de su amada, esta manoseaba los genitales de Pedro y nada. Mucho toque toque y nada de goles. Mucho tilín tilín y nada de paletas. Alicita se fue excitando y empezó a pedir a Pedro que la penetrara. El militar tocaba sus genitales y percibía que su miembro viril no respondía  a los  estímulos y motivaciones suyas y de su amada. Su falo ya no se paraba en firmes como la milicia lo mandaba.  Pedro entro en pánico. Pidió a su mujer que se enjuagaran y dirigieran a la alcoba. Ya en la cama trató infructuosamente de erguir su péndulo. Este no respondió. Pedro comprendió que su situación sexual estaba tomando un nuevo rumbo, pues aunque el había sido estéril no lo era impotente, y ahora su miembro varonil no se le ereccionaba. Alicita  excitada pedía a su marido que la penetrara. Pedro no pudo acceder a esa petición. Empezó a acariciar el cuerpo de su mujer y optó por el beso francés. Con este evento logró satisfacer a su mujer que alcanzó  el orgasmo y en el frenesí del clímax se retorció, aulló, gritó, y luego quedo dormida. Pedro se quedó despierto hasta el amanecer rumiando su desgracia  y maldiciendo su suerte. Comprendió que su virilidad había cambiado y que la operación que le habían realizado  en Paris para corregir su ESTERILIDAD le había  acarreado        disfunción erectil dejándole ahora IMPOTENTE. El Coronel ya no se paraba firme.




PRIMER  ATENTADO

A partir de la manifestación de la disfunción eréctil de Pedro los roces entre Alicita y el coronel eran frecuentes ante la carencia de afectividad sexual. Esta frustración empezó a marcar el estado anímico de la dama y a deteriorar la armonía de la pareja. Alicita propuso a Pedro la disolución del matrimonio e insistía en que don Pedro le concediera el divorcio, el militar  insistentemente  rechazaba tal idea y en consecuencia trataba de buscarle algún paliativo para que se subsanara la causa de aquella pretensión por parte de su esposa. El uniformado propuso a la frustrada dama que  realizara viajes al exterior con más  frecuencia para que con ello  distrajera la carencia afectiva. La frustrada dama inicio un periplo turístico. Realizó algunos  viajes acompañada de su esposo, luego y en reiteradas  oportunidades viajó  sola. Asi las cosas, Alicita fue retomando un ámbito de  libertad que se tornará en libertinaje.
En sus viajes llegó  a tener experiencias exóticas  las que realizaba con el fin de distraer su  frustración. Nuevos hábitos adoptó Alicita entre otros el consumo de licor cuando asistía a reuniones y costureros.  En uno de sus viajes al  exterior, al parecer en Irak, conoció un fumadero de opio y en  busca de escapes emocionales probó la droga, incursionado así en ese mundo en el que se vio envuelta hasta su muerte,  pues al regresar a Colombia ante la falta de aquellas drogas de uso en el exterior, buscó refugio con mayor intensidad en el alcohol, las  pastillas  y la cocaína.
  Un día, a eso de las nueve de la mañana, Alicita se encontraba en la oficina  de su  casa en  una de esas  sesiones de alcohol y drogas en que había  pasado la noche, cuando llegó Pedro  de servicio como comandante del  batallón de la ciudad. Ella llamó  a Pedro como diremos, a cuentas. Lo requirió a que se sentara en la butaca principal de la oficina, ella paso como cliente o visitante  en consulta, sentándose frete al escritorio que ocupaba Pedro como si se tratara de un ejecutivo en consulta.
 Pedro le requirió sobre el interés de Alicita en su convocatoria. Entraron en materia.  Alicita le recriminó sobre su impotencia y la necesidad fisiológica en materia sexual. Pedro le respondió que   tal fin le había dado oportunidades de viajar, festejar, realizar actividades a sus libre advendrio e incluso de la  posibilidad de desahogarse  con los estímulos lingüísticos canidos.  Estas explicaciones y justificaciones desataron la ira de Alicita quien manifestó que ella lo que necesitaba era un macho, un hombre de verdad que le hiciera  sentir mujer. Que ella no le había sido infiel  y que no lo seria, pero que tampoco podía continuar  en esa situación, por lo tanto lo que ella reclamaba era el divorcio.   Pedro le manifestó que bajo ninguna circunstancia  le concedería el beneficio. Esta manifestación enardeció mas a Alicita, prefiriendo improperios en contra de Pedro.  Ante  esta actitud  Pedro reacciona  manifestándole a su amada que la única forma de deshacerse de él era matándolo y que para ello le autorizaba para que lo hiciera. Sacó  del escritorio una pistola  calibre 25 que le había sido regalada en un fábrica de armas en España cuando estuvo negociando una remesa para el Ejército colombiano, entregó la pistola  a Alicita y le ordenó que disparara. Alicita no lo pensó  dos veces y descerraja la carga  de la pistola en el vientre del coronel.
 Cinco impactos perforaron el cuerpo del militar cayendo desplomado en medio de una butaca y el escritorio. Cundió la   alarma. Los miembros de la servidumbre  y  el motorista del coronel se dirigieron al sitio donde escucharon las detonaciones encontrándose con aquel cuadro donde Alicita estaba como gato encrispado    emitiendo improperios  contra Pedro aun con la pistola humeante entre sus manos. Los curiosos miembros de la servidumbre recriminaron a Alicita preguntándole que era lo que había sucedido. Que mirara que el coronel estaba muerto.  Los ánimos de Alicita se fueron apaciguando. Empezó a llorar y volteo la pistola hacia su cabeza tratando de disparar contra su humanidad, pero la pistola ya no tenia  municiones, todas las  había  descargado sobre el cuerpo del Coronel.
  De  inmediato el coronel fue llevado en su vehículo oficial al centro hospitalario más próximo donde le prestaron los primeros auxilios. Luego fue llevado al hospital departamental  de Cali donde lo intervinieron quirúrgicamente.
 Dos días después del atentado el coronel  se recuperaba y era interrogado por las autoridades respectivas. El militar  manifestó que sus heridas fueron causa de  un accidente cuando él manipulaba una  pistola. Que solo el y nadie mas era el causante y culpable de sus lesiones ante la manipulación  irregular de dicho aparato.
 Alicita salió  indemne ante dicho atentado por más que las autoridades que conocían extrajudicialmente de la verdad de aquel incidente trataron de  vincularla penalmente.
 Pedro regresó   a su hogar diez días después del incidente con cinco metros menos de intestino, los que fueron extirpados para lograr salvarle la vida. A los veinte  días    estaba de nuevo en su cuartel en desempeño de las actividades propias a su fuero militar. Parecía que le hubiera sacado apenas una muela.  Lo que si se hizo  notorio fue su cambio en costumbres alimenticias,  pues por causas de recorte en los intestinos los alimentos debían ser de especial preparación y escasa porción.
 Por un prudente lapso de tiempo las relaciones entre los esposos  fueron menos tormentosas. Pero esta situación no seria por mucho tiempo. Al correr de cierto lapso las cosas o mejor dicho las conductas de rechazo y agresividad de la pareja, principalmente de Alicita volvieron a manifestarse con más frecuencia. Ante esta situación el Coronel optó por concederle mayores oportunidades de viajes en especial  al exterior.
Con frecuencia viajaba Alicita por diferentes partes del mundo. Dejó constancia de ello en múltiples diapositivas, que era por aquel entonces el medio más moderno de obtener imágenes. Con regularidad se recreaba observando las mencionadas tomas, ufanándose ante parientes y amigos de sus viajes y lugares visitados. Esta actividad se realizaba en la biblioteca de su mansión, biblioteca por cierto muy bien dotada de ejemplares enciclopédicos y obras sueltas que colmaban los estantes de aquel lugar amplio y acogedor dispuesto en el segundo piso del inmueble diseñado exclusivamente por Alicita y copiado al parecer en Francia, según ella lo manifestaba. Esta biblioteca era escenario para lectura y el consumo de alcohol y alucinógenos, incluidos pastillas de díazepan, mogadon y sinogan que en forma múltiple consumía Alicita hasta quedar en algunas oportunidades en estado robótica pero sin perder el conocimiento, pues en aquel estado coordinaba aunque lentamente, las actividades a realizarse a su alrededor, dando ordenes para  su cumplimiento  en desarrollo a la  cotidianidad de su casa.



            
LA   ADOPCIÓN       

Alicita y el Coronel por las circunstancias de infertilidad y posteriormente de impotencia, no lograron engendrar descendientes cual era el propósito de la pareja desde su noviazgo y posterior matrimonio.
 Ante tal situación optaron por adoptar un bebe. Se informaron acerca de la posibilidad de la adopción, que por aquella época no era tan clara como lo es en el presente, en consecuencia se dieron a la tarea de conseguir un o una niña con ese  propósito y teniendo en cuenta el rol  social de la pareja, se comunicaron con personas que les podían servir en su ambición de ser padres aunque adoptivos. Pero por aquella etapa histórica no era muy común la adopción, se daba la eventualidad de que padres naturales, y con mayor frecuencia la madre, regalaban los bebes indeseados para que terceras personas los denunciaran como sus hijos. Por esa época no existía BIENESTAR FAMILIAR ni juzgados o comisarías de familia que asumieran  ese proceso, además de que la legislación familiar o de menores era muy escasa y de poco uso, interpretación y aplicación. Por esa razón al tener comunicación con funcionarios de una clínica en Cali, se les informó de que una dama de la alta sociedad de una de las capitales del viejo Caldas había llegado a Cali para dar a luz un bebe  que de antemano  era considerado bastardo, ya que su concepción se había originado en el pecado de una damita de la sociedad de aquella ciudad donde su tío, el monseñor era Obispo. El padre del niño era familiar de un miembro del cuerpo  diplomático acreditado por aquel entonces en Colombia, pero el extranjero  solo había disfrutado de la doncella y luego la había repudiado, emprendiendo el regreso a su patria. Ante tales circunstancias la damita embarazada fue enviada a Cali para que allí pariera su hijo fuera del alcance de las críticas de parientes, amigos y enemigos  de la  familia de la  parturienta y además para que la damita siguiera siendo señorita.
  El Coronel y doña Alicita estuvieron pendientes del nacimiento en una de las más prestigiosas clínicas de la ciudad por aquel entonces. Así las cosas dos días después del nacimiento de la criatura, que resultó ser un niño muy lozano, el bebe   fue entregado a la pareja.                        
El niño fue denunciado en una notaria de Cali, donde quedó registrada su filiación como hijo del Coronel y Doña Alicia. Recibió  este niño un tratamiento muy especial y en poco tiempo se le notaba una constitución física de gran lozanía y fortaleza dado el contraste de su raza, mezcla  del gringo con la caldense. Juan  Guillermo fue bautizado. En pocos meses andaba por la casa realizando travesuras propias a su condición de niño mimado. Era de una gran contextura, creció rápidamente y a los tres años nadaba en la piscina de la mansión como pez, con una gran soltura. A  los cinco años ya mostraba una gran contextura atlética y lograba  atravesar la piscina tres veces bajo el agua sin tomar oxigeno. También era de destacar su pericia en casi todas las artes y menesteres: pintaba, manejaba automotor, jugaba fútbol, tenis, reía y hacia reír,          por cierto también era bastante cansón  y trataba de tomar del pelo a todo aquel que pudiese. A los siete años era gateador de las sardinas o viejas que se descuidaran. Era bastante jocoso. No así tenia habilidades para el estudio, el cual rechazaba y eludía cuando sus profesores trataban de enseñarle algo. Para la época de muerte del Coronel, Juan Guillermo tenía aproximadamente nueve años, una gran contextura física que aparentaba por lo menos doce o trece años de edad, cuerpo atlético.





SEGUNDO ATENTADO

Entre el personal de la servidumbre de Alicita estaba Ana la cocinera, por cierto tía  de Jaime el cerrajero gateador.  La cocinera vivía fuera de la mansión, es decir su trabajo era por el día y por tal razón se desplazaba  a diario desde su casa en el barrio   unión de vivienda popular  oriente de Cali,  el primer barrio  que dio inicio al distrito de agua blanca. Su desplazamiento lo realizaba en la mañana en el servicio urbano de transporte masivo, y en la noche era conducida  en el vehículo campero de doña Alicita.  Esta cocinera se encarga particularmente de preparar el almuerzo y la comida y  de las cenas  o comidas especiales en aquellos eventos sociales que celebraba con regularidad la dueña de casa. El motorista de los esposos realizaba  el viaje de transporte de Ana, una mujer madura de aproximadamente   sesenta años  especializada en cocina, alta cocina.  Su trabajo como se dijo era externo entre lunes y sábado, pero algunas oportunidades de acuerdo a los eventos sociales debía concurrir los domingos.
 En tiempo previo a la muerte del Coronel los desplazamientos eran normales y en ellos el conductor entablaba conversación con la cocinera sobre temas diferentes sin que se notara alteración alguna de parte de Ana.
Tras la muerte del Coronel, Ana a quien también le denominaba diminutivamente su patrona, cambió  de actitud  y lloraba constantemente. Para el motorista esta actitud inicialmente fue interpretada como dolor de parte de la cocinera por la muerte de don Pedro, quien  a pesar de su rango militar era un hombre muy prudente y considerado en el trato de las personas del servicio, al contrario de Doña Alicia, quien era bastante déspota y racista, a pesar de haber nacido en Puerto Tejada, Cauca, y de tener en su servidumbre a todos sus miembros de raza negra, con la excepción de los motoristas.  Así las cosas  y ante el persistente lloriqueo  de Ana, el conductor de la  casa se motivó   a preguntarle el porque de su llanto después de tantos días. Anita seguía  en su lloriqueo sin manifestar razón alguna. Esta situación reiterativa llega a tal punto  que  el motorista  insistió en que  Anita manifestara la causa.
 El motorista en uno de los viajes con Anita se dirigió a ella manifestándole    que ni siquiera doña Alicia que era la esposa  del difunto militar lloraba tanto al coronel como  ella lo hacia.  Anita respondió que solo ella sabía porqué, lo que motivo mas la curiosidad en el motorista, quien insistió  en conocer la causa, encontrando por parte de Ana respuesta de que ella le  tenía  que contar,  pero que eso seria más adelante.
Entre  idas y venidas el motorista insistía para que Anita le contara sobre las causa de su llanto pero siempre encontraba una dilación   en la consabida  respuesta o situación que había prometido contar.  En vista de esta situación y teniendo en cuenta que Ana de vez en cuando  le gustaba tomarse sus traguitos de licor, el chofer optó por brindarle unas copas  en una oportunidad  que se encontraba cocinando aquella para una recepción que se celebraba en la mansión. Desde las horas tempranas de la noche el chofer empezó a llevarle traguitos a la cocina y para cuando llego la hora de llevarla a la casa  en el barrio  se procuró  de llevarse una botella de aguardiente del cual le brindo varios tragos mas en el camino, logrando que Ana se pasara un poco de copas y aprovechando de esa oportunidad motivó  los  sentimientos de ella  para que por fin le confesara que era la causa de su continuo llanto. Cual no seria la sorpresa del motorista  cuando Anita empezó entre lágrimas a manifestarle que el Coronel había sido muerto por envenenamiento.
Al inquirir el chofer sobre esa situación y causa de muerte del Coronel, Ana narró como Doña Alicita había entregado a ella un frasco con un contenido líquido y un gotero para que se le agregara la sustancia en forma sistemática   a las comidas de Pedro.
 Según la viuda blanca, si viuda blanca porque mató  a su esposo por falta de sexo, pues la viudas negras lo hacen después del sexo, el liquido era un medicamento  que requería el militar, ya que el se encontraba enfermo de una afección incurable y que con ello encontraría el remedio. El  contenido liquido o remedio debía iniciarse a suministrar primero de a una gota en el almuerzo, dos en la comida o cena y sucesivamente corrieran los días, aumentar el  numero de gotas en el suministro.
 Aparte de la forma del suministro, Alicita recomendó a su cocinera que este remedio se   suministrara  en absoluta confidencia ya que nadie debía enterarse de ello. Solicitó guardar  el secreto y además el día que el Coronel enfermo de unos vómitos de sangre, exigió a Ana que le entregara el frasco de la medicina, en el que existía un pequeño excedente que arrojó por el sifón de un lavaplatos destruyendo la etiqueta y lavando el frasco para echarlo al tarro de la basura.
Anita dedujo que el  medicamento suministrado no era más que una sustancia venenosa que había utilizado Alicita  en un segundo atentado que por fin acabó con la vida del Coronel que con su impotencia le amargó, según ella la vida, frustrándole en todos sus aspectos tanto maternales como sociales y económicos.
Con la versión anterior el chofer se convenció  por que su patrona tenia tanta seguridad de que el Coronel no se salvaba de esa enfermedad letal que había contraído y que conllevó a que Alicita al día siguiente de que enfermara el Coronel se desplazara al sector de la clínica de Rafael Uribe de los Seguros Sociales donde se procuró  de conseguir el cajón mortuorio llevando incluso la mortaja.  




LA  MUERTE  DEL CORONEL
      
Para la fecha de la muerte del Coronel ya habían pasado catorce días de su hospitalización. Fue intervenido quirúrgicamente y su recuperación fue extraordinariamente rápida. A los tres días de operado su recuperación era asombrosa.
 Al motorista que había sido presentado como hijo del Coronel y Doña Alicia, le habían llamado la atención los médicos y personal asistente para manifestarle que el Coronel pronto se iría a casa. Doña Alicita fue llamada por el medico jefe que había intervenido al Coronel para manifestarle que pronto seria dado de alta su esposo. Fue día martes en horas de la noche más o menos las nueve. Un poco alejados de la habitación donde se encontraba el militar, el medico le manifestó a doña Alicia que el Coronel seria dado de alta al día siguiente. La reacción de Doña Alicia fue negativa y extrañamente de disgusto, comportándose en forma altanera con el medico. Con arrogancia e inusualmente grosera
dejó plantado al medico en el pasillo y se dirigió a la habitación donde se encontraba el Coronel.
El médico  extrañado y confundido por la actitud asumida por Alicita llamó  al motorista y en  forma privada le manifestó su asombro por el comportamiento de su madre putativa quien se había exasperado al conocer la noticia dada por el, que le anunciaba la mejoría y salida del coronel del hospital.
 Ante este evento el chofer de la familia asumió un dialogo con el medico aclarándole en primera instancia que el no era hijo del Coronel y Alicita, que ellos lo presentaban así por cariño pero que el realidad era solamente motorista asistente de la familia. Esa aclaración la hizo  ante todo por la vergüenza de que se creyera que él era hijo de aquella persona que asumía ese comportamiento, del cual se sentía avergonzado. Que vergüenza una madre así.
 Una vez aclarada la situación el medico solicitó al chofer  que retirara a esa señora del hospital. El chofer se dirigió a la habitación donde se encontraba el Coronel y en ese momento ya doña Alicia salía exacerbada, mejor dicho encrispada como gato asustado o enojado, ojos desorbitados  extrañamente, con su cabello erizado. Requirió al motorista que se fuera de esa institución hospitalaria y avanzaron por el pasillo unos metros mientras el chofer  le manifestaba que se devolvía a despedirse del Coronel.
Alicita ingresó  de nuevo al cuarto hospitalario y solicito al chofer  que se retirara que deseaba hablar algo más con su esposo. El chofer  se retiró un poco pero al escuchar hablar en tono alto a doña Alicia ingreso a la habitación.
 Alicita gritaba improperios al Coronel. Al escuchar esto  miembros del personal asistente corrieron a conocer que acontecía y solicitaron a doña Alicia que se retirara.
El Coronel se encontraba desalentado y solicito a las enfermeras que se retiraran un poco, que deseaba hablar con el chofer en privado .Solicito el Coronel al  chofer que se sentara en la cama, e incorporándose  un poco  manifestó:  Alicia lo que quiere es que yo me muera para que le desocupe mi puesto de esposo, le pido que  cuide de ella y de Juan Guillermo, yo se que usted es una persona de confianza. Yo voy a morirme para desocupar el puesto, no lucho más con esta mujer. Llévela por favor a Jamundi ,  Yumbo o a alguna parte donde pueda tomarse unos tragos.
 El Coronel dio un abrazo al motorista y le manifestó: Voy a morirme, para desocupar el puesto, adiós   no olvide mis recomendaciones.
 Su rostro cambio de color pasando de rosado a verde cera;  se recostó en el lecho de enfermo y empezó a convulsionar. El personal asistente tomo las precauciones médicas y llamaron al galeno de turno quien ordeno de inmediato el traslado del paciente a la sala de cuidados intensivos, donde el Coronel estuvo recluido durante 18 horas y falleció. Alicita había logrado su objetivo.




EL CONCIERTO DEL PEDREGAL Y LA GATIADA DE JAIME  EL CERRAJERO     
                                                                           
Desde el día jueves antes de la muerte del Coronel, el motorista le había solicitado a Doña Alicia que le prestara el campero  Nissan para asistir a un concierto de ROKC que iban a realizar en el balneario El Pedregal de Yumbo. Ella le había manifestado que  se lo prestaría  pero con la condición de que la llevara a un día del  mencionado concierto. Todo estaba acordado en ese sentido. En el lapso de tiempo entre la enfermedad del Coronel y el evento roquero,  en los desplazamientos entre la casa y el hospital, Alicita observó en la Avenida Sexta un afiche en que se anunciaba el festival, hizo detener el vehículo para mirar el cartel. Pare, pare, le manifestó. Al detener el vehículo no se alcanzaba a observar en su totalidad el afiche, por lo que ordeno reversar, ubicándose frente al cartel que anunciaba el evento: FESTIVAL DE ROCK EN EL BALMEARIO EL PEDREGAL DE YUMBO. Septiembre  …  a  ….. de l.973. Alicita manifestó a su chofer que deseaba asistir al evento. El chofer le hizo énfasis en que faltaban algunos días y que además el Coronel aún se encontraba enfermo en el hospital, a lo que Alicita respondió: Para la fecha del festival, el Coronel ya estará muerto y enterrado ¡ Y efectivamente, para la fecha del concierto el CORONEL YA ERA FINADO. Doña Alicia y su chofer acordaron que el primer día del concierto estarían en el evento roquero  y  que a partir del  segundo día iría el chofer con su familia. Así se dieron las cosas. El primer día del evento, doña Alicia y su motorista se dirigieron a Yumbo, un día viernes por cierto. Cuando tomaron la autopista que conducía al lugar del  concierto, se empezaron a presentar trancones en las vías, entorpeciendo así el desplazamiento automotor. Sucedía y acontecía que las autoridades de Policía habían establecido un retén para no dejar pasar a organizadores del evento y al público que pretenda  concurrir al mismo. Las autoridades de Policía argumentaban que no había permiso para realizar dicho evento, evitando así la concurrencia al festival, pues lo consideraban una herejía. Así las cosas doña  Alicita  se apeo de su auto Cadillac  y sumándose a la muchedumbre se dirigió  hacia el centro de los acontecimientos, encontrándose  con la madre del organizador del evento, quien era su amiga. Conversaron sobre lo acontecido respecto al veto de las autoridades de Policía  al evento organizado por Mauricio. Alicita se comprometió a interceder con sus buenos oficios ante las autoridades regionales a fin de que se levantara el veto y se dejara continuar a las personas que se dirigían como organizadores y concurrentes
 Así lo hizo y en su cadillac se dirigió a Cali a las dependencias de la Tercera Brigada, donde solícito  la presencia del oficial de servicio quien le entrevistó  con el Comandante de Brigada, ante quien expuso el caso, presentándose como la viuda del Coronel.
El comandante ordenó  comunicarse con la policía quienes manifestaron que se trataba de un evento que alteraba el orden público y que por tal razón no se permitirían el acceso al lugar donde se pretendía realizar. Ante esta situación los organizadores con los buenos oficios de doña Alicita, presentaron suplicas al comandante de la brigada, demostrando con documentos legales que tenían permiso para realizar tal evento. Al fin de presentación de argumentos de parte y parte el Comandante ordenó  desbloquear la vía, para dar inicio a la marcha de organizadores y publico asistente logrando llegar al sitio de recreación donde se realizaría  el evento. De inmediato se dio  inicio por parte de los organizadores al montaje de equipos propios al escenario, concluyendo esta actividad aproximadamente a las diez de  la noche. Para esa hora se esperaba la llegada de los músicos que actuarían. Estaban retardados. El equipo de sonido estuvo lleno de fallas, lo que retardó aun más el desarrollo musical del concierto.
La concurrencia humana era masiva, asistían personas de todas las clases, sexo y edades, el evento había atraído espectadores de muchas partes. En el ambiente se sentía el olor a la marihuana que fumaban persistentemente muchos de los concurrentes. El licor era poco y ante todo era la curiosidad que atraía a las gentes. Doña Alicita hacia parte de los invitados de honor, por lo tanto ocupaba sitio privilegiado en medio del palco. Estaba consumiendo Wisky. Al cabo de un rato y ya enardecida por el licor, solicito al motorista que le consiguiera una dosis de cocaína. Aquel le manifestó que era difícil. Alicita insistió y le dio un billete de veinte pesos para que consiguiera la sustancia. Por ese entonces el uso de dicha droga era muy escaso. Solo algunos privilegiados tenían  acceso a dicho estupefaciente. Se buscó un intermediario para obtener el alcaloide quien a la postre de algo así como una hora regresó sin la sustancia, devolviendo el dinero. Luego se consiguió otro emisario que manifestó que el conocía del jibaro que estaba en la rumba y que proveía de perica. Se le entregó la suma antes enunciada comprometiéndose  a volver en poco tiempo con cinco gramos. Paso un buen rato de tiempo  y el emisario  no regresó con perica alguna. El emisario se esfumo. Tal vez  se esfumo a fumarse en marihuana el dinero confiado. Alicita insistió en conseguir la perica. El chofer  le manifestó que era imposible ya que se podría repetir el caso del anterior emisario que desapareció con el dinero. En esos momentos algunos de los miembros de la mesa de honor establecida en el palco entraron al vestuario y prendieron un cacho de marihuana. Alicita entro y solicito que le dieran una fumada. El cigarrillo estaba bastante pequeño por lo que encendieron otro y se lo pasaron. Ella absorbió por dos veces el humo del cigarrillo de cannabis  y manifestó que con eso le bastaba. Los demás contertulios siguieron rotando el segundo cigarrillo hasta que los terminaron. Ya se estaba iniciando la interpretación musical por parte del primer grupo musical que intervino en la apertura del concierto. Era una de las bandas de menor jerarquía,  pues la supuesta banda u orquesta invitada especial no apareció. Dos o tres interpretaciones de aquel grupo musical habían sonado y ninguno de los asistentes al evento se atrevía a sacar pareja para iniciar el baile. Alicita que ya tenía entre pecho y espalda una botella de Wisky  y  dos aspiraciones  de marihuana, tomó la iniciativa del baile y agarrando de la mano a su chofer, lo llevo  a la pista.  Aquel que ya tenía unos Wiskisitos  y una fumada de cannabis en la cabeza no dudó en acompañar a su patrona en la danza. Así las cosas, rompieron con el ambiente tímido y yermo que reinaba entre los asistentes. La pareja era aclamada por la muchedumbre que poco dejaba escuchar la música. Alicita y su chofer  danzaron, entrando en un extraño trance mientras la banda tocaba una prolongada pieza musical. La pareja fue aclamada. Al terminar la interpretación vinieron las felicitaciones y adulaciones para la pareja que rompió el baile en el concierto. Pero era mas intensa la manifestación hacia Alicita, quien a sus cincuenta y cuatro años y con una vestimenta bastante extravagante y pintoreteada excesivamente llamaba la atención del público que reconocía el estado físico de esta, pues habrá que destacar, bailaba muy acorde y con movimientos actualizados el ROKC. Después de la aclamación que le resto importancia a los interpretes musicales por un buen espacio de tiempo, algo así como veinte minutos, se reinicio la interpretación musical por parte de la banda, iniciándose tímidamente el baile. Algunos concurrentes expresaban a doña Alicita su admiración. El concierto fue entrando en efervescencia al son de los intérpretes roqueros y el olor a la marihuana que se consumía en forma apreciable formando una humareda que contagiaba a todos los asistentes.
La muchedumbre estaba enardecida. No existía control alguno sobre el consumo de cannabis, los escasos policías que rondaban por el balneario no manifestaban en absoluto correctivos algunos, ellos también estaban drogados con el humo.
 La rumba continuó amena y en completo orden. Ninguna riña ni incidente alguno que fuera objeto de recriminación. Grupos y grupúsculos, carpas y ventas de comestibles y licor, del cual era poca la venta. Así continuaron Alicita y su acompañante hasta más o menos las dos de la mañana. A esa hora apareció Jaime el cerrajero de cabecera de la señora Alicita. Compartieron hasta aproximadamente hasta las tres de la madrugada, cuando ya se dispuso Doña Alicita a viajar hacia la casa en Cali. Jaime solicito que lo llevaran hasta la ciudad. En vista de ser conocido y trabajador de la señora se dispuso que abordara el vehículo automotor en que viajaba la patrona y se dirigieron a la ciudad.
 Al llegar a la casa Alicita que se encontraba bastante ebria fue conducida de inmediato a su alcoba por parte de la servidumbre. Estos también se acostaron. Jaime solicito al chofer  que lo llevara a su vivienda ubicada en el barrio Unión de Vivienda Popular. El chofer se negó en razón a la hora y la falta de autorización por parte de Doña Alicita que ya se había acostado y dormido sin que se le hubiera manifestado sobre dicho viaje.
 Ante la insistencia de Jaime, el chofer determinó  guardar el CADILLAC en que se desplazaban y optó  por ir a dejar a Jaime en el campero NISSAN que estaba parqueado en el garaje y sobre el cual tenía mayor disponibilidad desde que entró a trabajar como conductor de doña Alicia, pues así se lo había manifestado la patrona… En el podía desplazarse casi exclusivamente sin autorización.  Intercambiados los vehículos el chofer  contra su voluntad y ante la insistencia de Jaime el cerrajero se dispuso a emprender el viaje. Desafortunadamente a dicho vehículo al salir del garaje se le apagó  el motor y aunque insistentemente se trato de volver a encender no se logro que  el motor volviera a funcionar, ni aun empujado. Luego se pudo establecer que el vehículo carecía de combustible. Ante este evento hubo necesidad de entrar empujado el vehículo al garaje. El chofer le indicó a  Jaime que debía desplazarse en un taxi, insinuación que denegó el cerrajero ante la falta de dinero, proponiendo que lo dejara dormir en la casa doña Alicita. El chofer  denegó tal  insinuación, aludiendo que faltaba el concepto y aprobación de la patrona. Jaime el cerrajero insistió la solicitud de que lo dejara dormitar en la mansión, insinuando que lo dejara en una de las habitaciones para huéspedes con la condición  que madrugaría a levantarse y que en la casa no se enterarían de su pernoctación, ante la falta de consentimiento de la patrona. El motorista accedió al fin a la petición y dejos en el cuarto de huéspedes a Jaime y se dirigió a su habitación que estaba ubicada al costado de la piscina. Al cabo de una hora aproximadamente Alicita emitio un grito de terror y llamó  a su motorista. Aquel se dirigió apresuradamente al segundo piso donde estaba ubicada la alcoba de Alicita. Esta aterrorizada y lloriqueando manifestó a su chofer que el espíritu de Pedro se le había aparecido, sé le habia sentado en la cama y le había tocado los pies, para luego desaparecer. Era Pedro su esposo recién fallecido.
Al momento y ante los gritos, una de las empleadas  del servicio acudió a la alcoba, interrogando sobre lo que sucedió. Alicita manifestó de nuevo su versión sobre la aparición del espíritu del Coronel y ordenó llamar a Juana, la ama de llaves que dormía profundamente sin enterarse de la situación de su patrona.
Un vez estuvo Juana en la alcoba, le ordeno  que le trajera una botella de ginebra, una de las bebidas preferidas por Alicita, ordeno ademas que sus empleadas, tres en total, se trasladaran a su alcoba  para que le hicieran compañía, por lo que estas debieron acomodarse en las alfombras en improvisadas camas. El motorista  cavilando sobre los hechos tratos de retirarse de la alcoba de su patrona, pero esta reacciono indicándole que no se retirara hasta que ella lograra dormirse y extendio su mano con la Ginebra que consumia a pico de botella como era su costumbre cuando en forma privada consumía algún licor. El motorista no aceptó la bebida, argumentando que no era de su gusto y ante tal negativa Alicita sugirió  que tomara otra bebida y ordenó a Mary, otra de sus empleadas, que fuera al bar y trajera una botella de brandy. Cumpliendo la orden, Mari se dirigió al bar y regresos con una botella pero de Coñac. Alicita ordeno que se la entregara a su chofer, este la destapo e inicio su consumo en un principio con cierto desgano y repulsión ante lo fuerte de esta bebida. Pasadas unas cuantas copas y entrado en calor ya lo tomaba como si ser tratara del aguardiente  acostumbrado a tomar desde su niñez  en la tienda y en el destiladero de su padre.
 Alicita seguía consumiendo con más frecuencia la Ginebra, pidió  a su chofer  que se sentara cerca a su cabecera y  le pidió que le siguiera acompañando, que sentía mucho temor. El chofer la  tomo de sus manos y apretándolas le manifestó que no se preocupara, que el estaría a su lado para ayudarla y protegerla, incluso en razón a la ultima voluntad del Coronel, quien antes de morir, en su lecho de enfermo,  en su despedida de moribundo le había manifestado que cuidara de Alicita y Juan Guillermo.
 Alicita tomo luego la iniciativa y apretando las manos de su chofer inclino su cuerpo y acercándolo al suyo le dio un beso en la frente. El motorista absorto y al calor del coñac reaccionó ante la situación presente y devolvió otro beso en la frente de la  patrona y le manifestó  su apoyo.
 Alicita se fue tranquilizando y en pocos minutos se durmió. El chofer se retiró a la alcoba  meditando sobre lo acontecido, pero pensando principalmente en la supuesta aparición del espíritu del Coronel. Entró  en sospechas sobre Jaime el cerrajero. Se dirigió al cuarto de huéspedes y extrañamente Jaime no se encontraba allí. Eran casi las cinco de la mañana. Esta situación hizo entrar al motorista en la conclusión  de que el tal espíritu de Pedro que había tocado los pies de Alicita no era mas que la persona de Jaime el cerrajero que había gateado a Doña Alicita con el ánimo de accederla  sexualmente  aprovechándose del estado de ebriedad en que esta se encontraba. El chofer  entró en cólera, sacó la pistola de dotación que había sido entregada para seguridad desde que llegó a trabajar  con Doña Alicia y el Coronel. La misma pistola con que LA PATRONA  HABIA ATENTADO CONTRA EL CORONEL. Luego se dedicó prudentemente a la búsqueda de Jaime el cerrajero por la casa. Estaba iracundo por los acontecimientos, y particularmente por la conducta asumida por Jaime, quien había defraudado la confianza en él depositada, exponiéndolo  a una situación vergonzosa y peligrosa que podría acarrear consecuencias de diferente orden, incluso legales. Con pistola en mano y montada continua en la búsqueda por varios lugares: cocina, garaje, biblioteca. …y nada. No encontraba a Jaime el faltón. Mayor era la ira del motorista al no ubicar  a Jaime y confirmar así las sospechas de que el espíritu de el Coronel que se le había aparecido a doña Alicia no era nada mas ni nada menos que el hijueputa gateador de JAIME.
 Por último el motorista se dirigió a su propia alcoba, es decir a la alcoba asignada para su pernoctación, ultimo sitio que no había sido revisado. Tremenda sorpresa se llevó   al encontrar a Jaime debajo de la cama, quien al ser requerido salio  con los ojos desorbitados y rojos, talvez por la trasnocha y el consumo de marihuana en el concierto. Arrodillado Jaime pedía al motorista  que no lo fuera  a matar, ya que aquel le apuntaba con la pistola y le manifestaba: Hijo de puta me fallaste, me faltaste en la confianza que te brinde al dejarte en casa sin el conocimiento de la patrona. Hijo de puta te voy a matar. Jaime seguía arrodillado suplicando  que no lo matara. El chofer bajó  la pistola  pero arremetió de puntapiés contra Jaime, quien estirándose en el piso logro meterse de nuevo bajo la cama. Desahogado de la ira y desarmado el espíritu, el chofer reaccionó  requiriendo de nuevo  a Jaime para que saliera de bajo la cama, mientras que aquel rogaba que no le hiciera algo  salio por fin de su escondite.
Ya para esa hora estaba amaneciendo. El chofer procero que Jaime saliera de la casa sin que se enteraran las muchachas del servicio domestico, pero ya una de las mucamas estaba en la cocina y para salir se evidenciaba la presencia de Jaime pues era imprescindible el paso de este por la cocina o por la puerta que comunicaba la cocina y el comedor. Ante esta situación   le dijo a Jaime que lo mejor era que esperara debajo de la cama hasta las siete de la mañana y luego procuraran hacer creer que Jaime había madrugado a continuar con los trabajos de cerrajería que adelantaba por aquel entonces en la mansión, propiamente en el sector del  jardín ubicado en la parte posterior de la piscina. Temeroso por llegar a ser percibido en su propósito o coartada, el chofer se dirigió a la puerta del garaje y  oprimió desde dentro el dispositivo del timbre, luego de un prudente lapso de tiempo abrió y cerró la puerta del garaje con el fin de que se creyera que alguien había entrado. Para ese momento ya la ama de llaves, Juana, estaba levantándose, aunque un poco tarde de acuerdo a lo acostumbrado, en razón a la trasnocha. Tras unos minutos Jaime se dispuso a iniciar su trabajo de cerrajería aparentando que acababa de llegar. Al dirigirse Juana a la cocina observo a Jaime muy presto en sus labores por la parte aledaña a la piscina, preguntando en forma insinuante que a que hora había llegado y tan temprano. Que no lo había visto entrar, a lo que hubo de responder por parte del motorista que  Jaime acababa de entrar, que si no había escuchado el timbre. Juana un poco inquisitiva y con cierta insinuación de duda manifestó que no lo había visto entrar aunque si había escuchado el timbre, que le extrañaba que habiendo trasnochado en el concierto estuviera tan temprano de nuevo en el trabajo, Jaime manifestó que no había ido  hasta la casa y que se quedó  en el centro para regresar temprano ya que era urgente terminar el trabajo, pues se trataba de unos arreglos iniciados en la parte aledaña a la piscina que se había interrumpido por el evento de la muerte del Coronel.
 Así las cosas el incidente de la gateada de Jaime a Doña Alicita fue superado en  tal forma que se aclaró la duda de Juana la ama de llaves y se evito un escándalo mayúsculo que hubiera podido tener consecuencias tanto para el chofer de doña Alicia  como para Jaime. Este episodio se cerro así y Alicita quedo en el convencimiento de que Pedro su marido recientemente muerto se le había aparecido en espíritu representado por una sombra negra que se le sentó en su cama y le toco las piernas. Coincidencialmente Jaime el cerrajero era un hombre de raza negra y su color bastante acentuado, azul jaruli.




ENCUENTRO   AMOROSO

Había pasado un día desde que fue enterrado el Coronel y Alicita tomaba día y noche, además que consumía las pastillas de costumbre. Ese día lo había pasado en la casa. En las horas de la noche se sentó Alicita en la sala de su mansión. Por cierto una sala muy amplia que cubría o abarcaba gran parte de la mansión,    unos 10 metros de ancho por unos 20 de largo. En la sala había fuentes de agua, jardines, tres juegos de muebles que con una gran variedad de lámparas, adornos, bisuterías, cachivaches y biombos adornaban el entorno. Parecía ante todo una bisutería. El contraste era confuso ante la variedad de adornos y demás. Parecía ante todo un almacén de variedades. En verdad algo admirable en cuanto a su decoración. Dos equipos de sonido, comedor en la parte superior de la sala. Alicita se ubico en la parte próxima a la oficina y la calle. En la primera parte de la sala. Encendió el equipo de sonido de la zona. Música clásica. El chofer poco lograba entender aquellos sonidos. Alicita insinuó al motorista que se sentara en la silla de su lado, le brindó un trago de Ginebra del que bebía a pico de botella, el motorista tono un sorbo de aquella bebida un poco extraña a su paladar. Alicita manipulo el equipo de sonido y puso a rodar un long play con música de Ricardo Fuentes. Sorbió otro trago e invito de nuevo a su chofer  a que tomara, el chofer no contradijo a su patrona y sorbió el pico de la botella. Alicita se encontraba vestida  con un ropaje negro. Manifestó a su chofer que iba a cambiar de vestuario y enseguida regresaría. Se desplazó  a su cuarto. Regreso vestida con una bato de dormir transparente y sin pantis. Esto se lograba percibir por la claridad que trasmitía la piyama. El chofer  se sintió confuso por la presentación de su patrona. Insinuante, Alicita lo invito a bailar. Sonaba una melodía del Trio La Rosa. Se acercaron y empezaron a bailar la melodía. Bolero, por cierto. Mister Solo sintió el cuerpo de Alicita  junto al suyo y enseguida su sensibilidad masculina  se pronuncio.
 Bailaron apasionadamente la pieza musical y casi exhaustos, mas por la emocion y nerviosismo que por otra razòn, se fueron dirigiendo instintivamente hacia el cuarto de huéspedes. Cruzaron la puerta y cuando la cerraron ya Alicita se habia quitado la batola, excitada por la proximidad que habia tenido al bailar. Los perros y especialmente MICKY el perro negro y lanudo de Alicita se encontraba exacerbado y gruñia amenazante contra el chofer mostrando sus caninos y molares. El can no se apartaba de Alicita. El motorista le solicito a Alicita que retirara al can. Con dificultades se logro evitar el perro. En ese momento aparecio Juana la ama de llaves. Se interpuso entre estos e inquirió a la patrona por su comportamiento. Que era lo que estaba haciendo, que  era lo que pasaba con el chofer, que se fuera a su pieza. Que porque estaba despojada de ropas.
Alicita se enfureció y colocándose la batola se dirigio a Juana y le manifestó :  metida, la que tiene que dar cuenta de la conducta eres tú, atrevida, porque bienes a meterte en mi vida privada, atrevida, vete a dormir no seas  metida. Juana no tuvo otra alternativa que dirigirse a su alcoba. Alicita tomo otro trago y paso la botella a su chofer  que  hizo lo mismo y bailaron otro bolero dirigiendose  enseguida de nuevo al cuarto de huéspedes. Cerraron la puerta dejando por fuera los canes, rocky, niña y micky. Alicita besaba insistentemente a su chofer, este se fue emocionando y su apéndice masculino se fue erguiendo. Alicita empezó a despojarse de su vestidura, ligera por cierto. Se besuquearon. El licor y los estupefacientes habían hecho su efecto para la excitación, erección y deshibicionismo. Entraron en una juerga de lujuria y sexo. Se tiraron al piso alfombrado de la alcoba. El chofer  trataba de penetrar a Alicita, esta se contorsionaba emocionada. Prácticamente estaba virgen, su estrechez  hacia difícil el introito: hazlo, hazlo papi. Después de cierta insistencia el motorista logro la penetración con la ayuda de una crema lubricante que Alicita encontró en el baño. No vayas a terminar, contrólate manifestaba Alicita, quien alcanzó el orgasmo una, dos, tres veces y se desmayó reposando su cuerpo desdoblado sobre la alfombra. El chofer  que controló  por largo rato su eyaculacion  por fin dio respuesta a su naturaleza lo hizo en el cuerpo desmadejado de Alicita. Esta reaccionó un poco .Gracias, gracias, manifestó y volvió a sucumbir en su marasmo. El chofer empezó a contemplar absorto el cuerpo de Alicita confirmando lo dicho por su patrona: que ella estaba  de nuevo virgen ante la falta de actividad sexual y que su cuerpo era una porcelana. Si un blanco porcelana entre el cuello y los tobillos, ya que sus pies y su cara contrastaban con el resto del cuerpo que se notaba muy lozano, terso y provisto de unas tetas muy bien puestas y erguidas. Luego Alicita y su chofer  cayeron en un sueño profundo del que despertaron motivados por el calor solar que entraba en rayos por la ventana y los puso a sudar. Se levantaron y entraron al baño con el fin de darse un duchazo. Pudo más la pasión sexual y al entrar a enjabonar el motorista a Alicita, tal como ella se lo solicito, se despertó  la pasión  e iniciaron de nuevo el juego sexual, rosando sus cuerpos enjabonados que hacia mas excitante la sesión amorosa. Alicita opto por una postura en sus cuatro extremidades que iniciaba en la taza del sanitario con sus manos puestas en ella. Su insinuante postura facilito para esta oportunidad una penetracion más facil y de disfrute también por el efecto del jabón. Alicita en su éxtasis orgásmico emitió gritos, que  escuchados por las mucamas que realizaban sus faenas cotidianas, se  dirigieron a la alcoba de huespedes y empezaron a tocar la puerta con insistencia. Doña Alicia, Doña Alicia, que le pasa, abra la puerta, abra. Alicita que ya habia bajado el tono de sus manifestaciones emocionales  se incorporó,  enjuagó vistiéndose de prisa y salio a responderle a Juana, la ama de llaves que insistía en su llamado. Doña Alicia ya estan por llegar sus amigas que quedaron de salir con UD.  A las 10 de la mañana, Juan Guillermo también ha despertado ya, camine vamos para su alcoba  y se la llevaron las mucamas. El motorista cerro con seguro la puerta de la alcoba y se dedico a tomar un baño relajante, con la satisfacción del  deber cumplido.




MISA   NEGRA  Y   ORGIA

Las amigotas de Alicita frecuentemente le insinuaban que no se quedara sola en su viudez, que consiguiera su pareja para que pasara su nueva luna de miel, pues estaba otra vez virgen, tal como ella  insinuaba. Lo que no sabian las amigotas era de que ella ya estaba pasando  la  segunda luna de miel con su chofer. Le hicieron presentaciones de hombres  que trataron de conquistarla, pero no llegaron a impactarla asi tan fácilmente. Ella manifestaba que necesitaba de un hombre adinerado o  que al menos fuera profesional, pues desconfiaba de que se le arrimaran por su dinero.
Ante esta situación sus amigotas empezaron a insinuarle que realizaran una misa negra para iniciarla de nuevo en el sexo, ya que para aquel rito se requiere  de una mujer virgen y que ella era la precisa pues reunía tal requisito.
 La insinuación fue aceptada por Alicita que en sus delirios de alcoholismo y drogadicción encontraba en la opción una excitante posibilidad  de aventura sexual. En varias oportunidades trataron de concertar el evento pero no fue posible la realización. Consecuentemente ante la imposibilidad de realizar la misa negra, optaron por realizar una velada con el componente sexual, es decir una orgia que se programa para un viernes cultural, evento que tenia en el fondo el propósito de adjudicarle un macho a la viuda por parte de sus amigotas. Desde el dia miércoles Doña Alicia empezó a manifestar a la servidumbre que el los días viernes y sábado  los podían tomar libres, a excepcion de Mary, una de las mucamas encargadas del arreglo de la casa. Ordenó igualmente a Anita la cocinera que debía de dejar preparada una cena para el viernes en la noche.
El chofer, que habia escuchado  desde su dormitorio las conversaciones y planes, aceptó  las proposiciones de su patrona y se dedicó a planear la forma como se colara en la casa de su patrona el dio de la orgia.
 Por el dia viernes en la tarde el chofer se despidió, simulando salir de la mansión por la puerta pricipal, dando un fuerte portazo para ratificar su salida, ingresó de nuevo a la vivienda por la puerta del garaje que habia dejado previamente ajustada sin seguridad, furtivamente se resguardo en los vehículos automotores y a la menor oportunidad ingresó por la cocina hasta la habitación que le habían asignado para vivienda y se encero en ella. Permanecio allí hasta las diez de la noche, hora en que empezó la velada.Mientras estuvo en la habitacion logro escuchar conversaciones sobre los preparativos de la fiesta, asi como la despedida las de mucamas que debieron salir en franquicia y a ultima hora cuando Alicita mando a dormir a Mary, la empleada que quedo en la casa, a quien encerro en el dormitorio bajo llave. Aproximadamente a las  once de la noche habían llegado  tres parejas y un solitario personaje, esté ultimo seria la pareja de Alicita.
Conformaron un grupo y se establecieron en un rincón de la sala sobre la alfombra y empezaron a consumir licor. Dos parejas eran casados .La otra pareja era conformada informalmente para el momento de la velada. El motorista que habia salido ya de la habitación se ubico en el garaje y resguardado en uno de los automotores fisgoneaba por la fractura de un vitral que dividida el garaje de la sala. Tenia un anglo perfecto para enfocar a los contertulios, quienes aproximadamente a la hora de iniciada la velada empezaron a practicar “ El Juego de la Botella “ consistente en hacer girar una botella en medio del circulo conformado por los asistentes a la reunión. La persona sobre la cual quedara señalando empico de la botella debía despojarse de una prenda de vestir. Se brindo de un cigarrillo de marihuana al que le dieron algunos de los asistentes una o dos fumadas. Unos, no todos. Otros consumieron cocaína. Una de las damas se abstuvo de consumir estupefacientes y brindo con Wisky. Los giros de la botella se realizaban  con más frecuencia. Los asistentes emitían risas y palabras de complacencia cada vez que la botella paraba y señalaba a alguien que debia despojarse de una de sus prendas de vestir. Coincidencialmente la mayor parte de los giros terminaban señalando a Alicita quien  feliz de la vida se despojaba de sus vestidura.
La dama que se abstubo de consumir los estupefacientes de un momento a otro y un poco nerviosa, preguntó a  Doña Alicita sobre el paradero del  chofer. Esta manifestó que se encontraba en descanso, que ese día no estaba trabajando, púes le habia dado a el y las mucamas libre hasta el siguiente da, con  excepcion de Mary que ya estaba durmiendo bajo llave. La dama riposto a Doña Alicita que se sentia nerviosa, pues presenta que alguien  miraba, que si estaba segura que solo la empleada que estaba durmiendo habia quedado en la casa.
Alicita fue hasta la alcoba de la empleada y regresó pronto manifestando que Mary dormía bajo llave en la alcoba. La dama insistió en su nerviosismo.
Estaba en lo cierto, pues el chofer  la miraba con insistencia desde sus escondite, admirando su cuerpo semidesnudo, las protuberantes y erguidas mamas y ante todo confundido por la actitud asumida por el grupo pero particularmente por la dama que habia demostrado nerviosismo, ya que la conocía de antemano y la habia admirado y respetado como toda una Señora Dama. La inquietud de la dama también causó nerviosismo en el chofer que estupefacto miraba como se intercambiaban las parejas, al calor de licor y los estupefacientes iniciando asi la orgia, tomando para si, cada quien la pareja de su gusto. Entre las parejas habían dos matrimonios conocidos del chofer, los cuales consideraba estables y respetables sin llegar a considerar que estas conductas o comportamientos pudieran ser propias en esas parejas de esposos, por cierto con hijos, algunos ya adolescentes. La tercera pareja estaba conformada por una amiga de Alicita con tendencia al lesbianismo. A doña Alicia le habían llevado como pareja a un ingeniero con el que pretendían organizarla.
 El ingeniero era un poco parco en cuanto al cortejo y los demás concurrentes le insinuaban continuamente para que cambiaran su comportamiento. Este optó por retirarse del grupo con Alicita,  dirigiendose al sector de la piscina, en la parte social. Ya para ese momento el chofer  se encontraba encerrado en su dormitorio que estaba al lado del vistiere desde donde podía mirar a través de un gran anguilo  las incidencias de la pareja formada por su patrona y el ingeniero. Alicita se despojo del panti y el brazzier que era lo que le quedaba de vestidura, el ingeniero de calzoncillos, camisilla y medias. El se sentó en una silla y ella sobre las piernas de aquel que trataba de penetrarla. Alicita se contorsionaba y pedias a gritos el introito. Al parecer fue una misión imposible para el ingeniero, ya que despues de quince o veinte minutos Alicita vociferaba contra el ingeniero diciéndole que no Serbia para nada.
 El ingeniero se retiros de la casa. Alicita paso por la sala donde fue inquirida por los demás  contertulios acerca de lo que habia pasado, aquella respondio que esa clase de invitados no se los presentaran. Subio a su alcoba, se ducho y regreso a la sala. Consumieron unas cuantas copas y la anfitriona dio por terminada la velada ante la protesta de los visitantes.
 Los asistentes se retiraron a eso de las tres de la mañana. La velada salio velada como aquellas fotos mal tomadas.
 Al día siguiente el motorista se levante  a eso de las cinco de la mañana y salio con sigilo gatuno a fin de no dejar detectar su presencia en la casa por alguna de las mucamas que debian regresar a la mansión a las seis de lama ñaña, ya que Mary si sabia de la presencia de este en casa aquella noche, pues  se habían puesto de acuerdo para observar la orgia aunque no desde el mismo sitio o juntos. La otra persona que quedo en casa fue el niño adoptivo al que le suministraron un somnifero que lo dejo grogui hasta entrado el medio dio siguiente a la velada. Lo del somnifero fue comunicado posteriormente por Juana  al chofer. Al pasar el chofer por la parte social de la piscina hacia el garaje para salir de la mansión, encontro el pantis  y el brazzier que Alicita habia dejado botados en la noche. Esta escena causo cierto escozor  en el, pues ya tenia relaciones con su patrona. Al parecer sintió algo de celos.




LOS CANES Y EL  INCIDENTE EN EL PARQUE PANAMERICANO

Alicita era asidua a los canes, tenía tres;  dos machos y una hembra: Mickey, niña y roky. Ella les daba un cuidado muy especial. Permanentemente les suministraba farmacos, especialmente a Mike le suministraba tres clases de pastillas.A niña le daba de dos y a roky solo de a una dos veces en la semana. Mickey era el mas apegado a la ama, en segunda instancia estaba niña, a perra de edad media, el mayor de los canes era indiferente a su ama, gozaba de buen retiro en razon a la edad que solo le permitía  comer dormir y otro menester ademas de desplazarse peresosamente por una parte la casa.
Los dos primeros canes tenían un comportamiento bastante extraño con su ama, e incluso con personas que visitaban la mansión. A la  menor  manifestación de afecto o cariño que se les mostrare, estos  canes trataban de ingresar con su hocico a los genitales de las personas, sin importar que fuera hombre o mujer. Solo bastaba para ello una muestra de confianza hacia ellos. No obstante, también se comportaban hostiles cuando las personas se acercaban a su ama, adoptando una conducta agresiva. Este comportamiento animal causaba inquietud entre las personas que visitaban la mansión  de Alicita. Ella trataba de disimular los incidentes aislando a los canes. En una oportunidad que Alicita se desplazaba en su cadillac por os alrededores del estadio Olímpico Pasar Guerrero en el parque Panamericano al regreso de Jamundì, y cuando los hinchas o fanaticos del futbol salean de un partido, una turba impidió el paso del Cadillac. Mickey el can principal, al fin y al cabo como perro de rico sacaba la cabeza por fuera de la ventanilla del vehículo y con su hocico pretendía olfatear a los peatones. Uno de los hinchas se acerco al vehiculó  y tomando la cabeza del canido manifestó: TAN LINDO EL HIJUEPUTA MINETERO ESTE, y le pego una cachetada al perro. Alicita reacciono iracunda y desencajada, si desencajada porque al expresar  su ira no solo se le desencajo el rostro sino que también se le salio la prótesis dental al expresarle al insolente peatón : “Mas hijueputa eres tu, y minetero tu padre hijueputa “ . Desencajado aun su rostro pero con la prótesis acomodada se dirigio a su chofer y le solícito que le pasara la pistola de dotación que portaba aquel. El motorista negó a la patrona su petición. Aquella indignada trató de sacarle de la pretina el arma.
Un ligero forcejeo se dio entre doña Alicia  y su chofer, sin que la patrona lograra tomar el control de la pistola. Paséeme la pistola, paséemela, yo mato a este atrevido chusmero hijueputa . Pásame la pistola.
El conductor se negó a entregarle el arma y optó  por cambiarla de lado en su pretina, no sin antes elevar los vidrios parabrisas laterales del vehículo, por cierto de manejo electrico, haciendo igualmente uso de la bocina  para despejar la turba que celebraba la interpelacion de aquel vándalo imprudente que habia sacado de casillas a Alicita al calificar de minetero al can.
 La turba se estaba enardeciendo y gritaban en coro: “Minetero,minetero hijueputa “. El vándalo que habia golpeado al perro gritaba:
Bruja,oligarca hijueputa.
 El conductor previendo que algo grave podia suceder ante la arremetida de los vandalos desadaptados que empezaron a agredir al pequeño Juan  Guillermo y a golpear el carro, aceleró  a  toda marcha logrando salir  de entre la muchedumbre golpeando con el vehículo a algunos de los peatones que se interponían a dejarlo partir, mientras que la mayoría se apartaron del carril al percibir la determinacion del chofer de retirarse cualquier costo.
Varios guijarros alcanzaron a golpear el vehicula en la cajuela y un stop cuando logro salir del tumulto. Desplazándose a toda marcha por la calle Quinta, los ocupantes del Cadillac prosiguieron su recorrido hacia el norte y después de un recorrido prudente llegaron a la proximidad del parque Santa Librada donde Doña Alicia solicitó  al conductor que estacionara en un centro musical  donde hacían presentaciones  grupos musicales de cuerda.
Antes de ingresar a dicho centro  musical, comentaron sobre el incidente después  de haber recorrido un tramo en silencio dentro del vehículo. Al carro se arrimó  el portero del centro musical invitando a seguir.
Una vez dentro del establecimiento donde varios grupos ofrecieron los servicios, el motorista se encontró con el integrante de un trío que resulto ser amigo, se trataba de Isabelino , un músico y cantante del Crucero de Guali, Cauca, que habia adoptado el nombre  artistico de EL NEGRO CHARLI, en honor a Charlie Figueroa,  famoso bolerista a quien emulaba.
Optaron por contratar al trío de Valencia. El músico llamó al propietario del centro musical para presentarle  a los recién llegados. Ante este acto de cortesia el propietario se presento: Profesor Numar para servirlos.
Se trataba de un todoista  que habia sentado raices en Cali y se dedicaba a las  actividades de la Parasicología y la música.
Después de las presentaciones se realizo un brindis   e incluso el profesor que también era músico ofreció  cantar después del primer set del trío del Negro Charlie, unas canciones en honor a los visitantes del Cadillac.
El trío habia tocado dos canciones cuando en la calle se escuchó la vociferación de un grupo de personas que gritaban: bruja, oligarca, salir, bruja hijueputa, al tiempo que  sonaron algunos golpes en el carro y en la ventana del centro musical que se encontraba cerrada a media luz.
 Ante esta algarabía  el motorista  se asomó   por una ventana y pudo percibir que se trataba de los hinchas futbolistas que siguiendo la misma direccion en que ellos viajaban habían llegado al sitio cuando se  desplazaban a pie rumbo al centro de la ciudad. Casualmente en ese momento pasaba una radio-patrulla de la Policia que entró  a terciar en el incidente, logrando disuadir a los vandalos aficionados que optaron por emprender las de Villadiego.
 La velada musical se interrumpio y Doña Alicita opto por retirarse a casa después de observar que el vehículo habia sido impactado e incluso un vidrio lateral habia sido roto.




LA  NOCHE DE LOS  ZANCUDOS

Alicita habia llegado a casa procedente de Yumbo donde habia estado comiendo pandebono caliente y tomándose unos tragos de aguardiente en uno de los sitios de recreacion en aquella ciudad  por aquel entonces de gran afluencia turistica. Posteriormente pidio a su conductor que la llevara a Jamundi, donde visitaron el balmeario Los Guayabales, allí consumieron una botella de aguardiente blanco del Valle  y  ella tambien ingirió una dosis de pastillas: sinogan, mogadon y diazepan. La patrona se  encontraba bastante ebria y su chofer le sugirio que regresaran a Cali. Ella aceptó  pero con la sugerencia y condicion de que fueran a terminar la velada en casa. De regreso Alicita solicito a su chofer que le consiguiera una dosis de cocaína. Al ingresar a la ciudad sucursal del cielo, el motorista se estacione  en el sector de la calle quinta, en el barrio Tequendama, donde estaban concentrados una serie de grilles, sector donde se podía conseguir  el alucinógeno requerido por doña Alicia. No fue posible conseguirlo, Prosiguieron el desplazamiento en el vehiculó hacia el norte pasando por el  centro de la ciudad donde consiguieron el alucinogeno en la calle novena sector denominado  La Calle del Pecado.
 Al llegar a la casa subieron el segundo piso a la alcoba de la patrona y ella en el baño privado se dio el primer pase de cocaína. El chofer se dirigio a la biblioteca y se fumo un cigarrillo  de marihuana. Luego la pareja consumió una botella de aguardiente.Era aproximadamente la una de la mañana. Las empleadas del servicio de Alicita   dormían al igual que Juan Guillermo que se habia quedado en la cama de su madre adoptiva. Alicita solicitó al chofer que retirara al niño a su alcoba. Este asi lo hizo. Al regresar de dejar al niño, el chofer encontró a su patrona desnuda en la cama. Esta lo invito a tomar otro trago. Sobre la mesa de noche estaba la cocaína  que luego Alicita acabo de consumir de un sorbo. Un trago mas y se inicio la sesión de sexo a la que el chofer accedía desinhibida al calor de las copas y la cannabis sativa. Alicita felicito a su chofer por su calidez amatoria y resistencia. Este en sus adentros pensaba que solo bajo los efectos del licor y la cánnabis realizaba esas faenas en cumplimiento de un cuasi deber con su patrona, para luego percibir  un sentimiento de culpabilidad al recordar a su esposa e hijos que sentia traicionados. Tomó un trago más y se dispuso a dirigirse a la alcoba que ocupaba en la casa. Antes de retirarse ventiló la alcoba y cerro los ventanales. Alicita se incorporo y ordeno a su chofer  que dejara las ventanas abiertas y apagase el aire acondicionado que preferia la brisa de la noche al aire acondicionado, pues este ultimo le afectaba. El chofer  insistió en  cerrar las ventanas argumentando que había muchos zancudos. Alicita insistio autoritariamente que dejara abiertas las ventanas, que a ella los zancudos no le hacían nada, que ella era “la reina de los zancudos”. El chofer  obedeció las órdenes de su patrona  quien ademas le manifestó  que al día siguiente la llamara  a las ocho de la mañana para salir a cobrar algunos cañones de arrendamiento. Al da siguiente a la hora antes indicada el motorista  se dirigio a la alcoba de su patrona. Gran sorpresa se llevó  cuando al entrar vio en el lecho un cuerpo completamente negro, algo asi como un cadaver calcinado. Dirigió su mirada alrededor de la cama tratando de entender  si lo  que habia sucedido era un  incendio y su patrona  habia perecido quemada o calcinada, pues la apariencia del cuerpo era esa. Se aproximó  a la cama para cercionarse directamente sobre el cuerpo. Cuando trato de tocar el cuerpo, vaya, otra sorpresa, una nube de zancudos se elevo del cuerpo de Alicita. Era un espectáculo aterrador. Miles de zancudos que posaban en el cuerpo volaron y dejaron al descubierto el cuerpo de Doña Alicia que ahora se veía con un sarpullido de color rojizo que cabria toda su epidermis  dando la imagen de un cuerpo atacado por rubeola o sarampion. Fue una escena un poco  dantesca.  El chofer removió el cuerpo de doña Alicia e hizo volar a otros  zancudos  que difícilmente lo hacían  al desprenderse del cuerpo, ya que tenían abultado su abdomen y el sobrepeso les dificultaba el vuelo.
Llamo a la patrona con la intención de despertarla, pero esta no respondía. Este insistía removiendo el cuerpo pero fue inútil. Alicita estaba en estado de coma. El chofer asustado llamó  a la servidumbre y con ellas insistio en despertarla. Alicita no reaccionaba. Le frotaron alcohol y nada. Su cuerpo estaba desmadejado. Trataron de incorporarla y se dieron cuenta que estaba inconsciente. Se determinó de inmediato llevarla a la clínica de Occidente, la más próxima y donde regularmente asistía a control medico. Al llegar a la clínica el chofer  informó al medico que atendio de urgencias sobre la forma que habia encontrado a su patrona, le narro lo de los zancudos. El medico desestimo tal versión sobre la causa de la enfermedad. Alicita fue incorporada a la sala de cuidados intensivos. Alli estuvo recluida por nueve días sin llegar a recobrar el sentido. El chofer  insistió ante el médico sobre la causa u origen del estado de doña Alicita. Él medico se negó rotundamente a aceptar la teoría de los zancudos como causa de la enfermedad. Doña Alicita no recuperaba el sentido.
Por aquellos días se iniciaba la temporada de vacaciones de Semana Santa, el medico de cabecera que atendía a Doña Alicita salio de vacaciones a San Andrés. Lo reemplazo otro mas joven. Este galeno inda sobre la enfermedad de Alicita al motorista quien le manifestó  el acontecimiento de los zancudos. El nuevo medico prestó especial atención a este suceso y ordenó tomar muestras de sangre a la paciente. Los resultados dieron fundamento a la version del chofer de Alicita. Ella estaba padeciendo una anemia aguda que la habia llevado al estado de coma. El galeno ordeno que se le hiciera una transfusión de sangre. La paciente empezó a reaccionar a partir de suministro de sangre, recobrando totalmente el  conocimiento a los  tres días de tratamiento con el nuevo galeno. El nuevo medico tratante solicito al chofer  que guardara silencio sobre la cuestión de los zancudos.
Alicita se recupero totalmente y estaba lista para ser dada de alta de la clínica. Llano  al medico para solicitarle que estableciera los honorarios profesionales. Quince mil pesos me debe doña Alicita, inquirió el medico. Doña Alicia ordeno al chofer  que emitiera un cheque por veinte mil pesos, que entrego al galeno  con una manifestación de agradecimiento. Igualmente el medico agradeció la bondad de la paciente. Ella manifestó que de su parte era una muestra de agradecimiento por haberle devuelto la salud y posiblemente hasta la vida. El medico llamó  a un lugar un poco discreto de la clínica al chofer  y le entrego de su bolsillo mil pesos, solicitándole una vez mas que guardara silencio sobre el incidente de los zancudos. Alicita regresó  a casa y a los tres días inició de nuevo su agitada vida de licor drogas y fantasías. Se habia superado el incidente de los zancudos y estaba probado que era La Reina de los Zancudos, pues ni siquiera aproximadamente cinco o seis mil de estos insectos lograron quitarle la vida.




ROMPIMIENTO AMOROSO

Alicita habia asignado a su motorista la conducción restrictiva del automóvil CADILLAC, manifestándole desde que inició labores que dicho vehículo era de su exclusivo uso, y que solo le permitiría a aquel que montara en el carro a la madre, hijos y esposa. La advertencia fue clara desde un principio, y en cambio le dio amplias facultades para que se desplazara en el automotor NISSAN con mas laxitud, incluso se lo prestaba para realizar paseos. Esta garantía o confianza fue acogida por el chofer  quien con regularidad se desplazaba por diferentes partes del país disfrutandolo con su familia y amistades.
La restricción al desplazamiento en el CADILLAC  fue cumplida a cabalidad por el motorista hasta que en una oportunidad que visitaba a su madre, apareció una prima política que provenía del istmo de Panamá. Ellos no se conocían y el impacto de Cupido fue inmediato. Amor, o tal vez pasión a primera vista. La dama se le insinúo  inmediatamente se conocieron. Una química extraordinaria se fungió entre estas dos personas y  a la hora y  media  de conocerse estaban ya planeando una salida que se concretó desplazándose la pareja a una fuente de soda  donde tomaron una caneca de brandy que compro la dama y enseguida se fueron a la cama. La faena sexual hizo retrasar al motorista  en llegar a casa de su patrona. Aquella estaba esperando la llegada del motorista en su vehicule e inquirió por la demora, a lo que este manifestó que el vehículo habia tenido una falla y que fue necesario acudir al taller de electricidad  e  incluso habia quedado debiendo dinero como parte del costo del arreglo, presentando una factura que habia conseguido en taller de un amigo. La patrona acepto la  disculpa muy a su pesar manifestando dudas al respecto y recordandole al motorista  que cuidado hubiera violado la recomendación sobre el uso del vehículo.
 El motorista  quedo prendado de su prima política y al dio siguiente salio de nuevo con esta. Para esa oportunidad  visitaron un grill donde tomaron una botella de brandy que pago la dama, desplazándose después a un amoblado donde pasaron la noche. Estos encuentros se hicieron frecuentes y siempre era la dama que asumía los costos. El motorista empezó a tener faltas  en el trabajo y fue amonestado por su patrona  quien le solicitó  explicación del comportamiento adoptado por el. Explicaciones iban,  venían y  el chofer  seguía saliendo con su prima que le requería de que saliesen en el automotor Cadillac, hasta que en una oportunidad fue visto por una de las amigotas de Alicita  en compañía de la prima cuando de desplazaba por la Avenida Sexta. En horas de la noche la amigota de Alicita se desplazo a la mansión de aquella y en el hall de la parte posterior de la casa entabló  conversación narrándole sobre la forma en que habia visto al motorista en el Cadillac acompañado de una dama, manifestando las características de la fulana y la hora del avistamiento, inquiriendo ademas a Doña Alicia de que debía despedir a su chofer que se habia osado a subir a su carro a esa mujer que debía ser su amante, ya que iba muy próxima a el cuando conducia. Alicita pregunte sobre las características de la dama acompañante y manifestó que posiblemente era la esposa de su chofer ya que con incidía la descripción, ya  que  se trataba de una mujer morena. La interlocutora insistía que esa no era la esposa del motorista, ya que  la habia visto con anterioridad a ella y los niños en el campero e inquirio de nuevo a Alicita manifestándole que porque asumía esa actitud de defensa de su chofer, que le extrañaba esa forma de defenderlo, que no debía de asumir esa clase de comportamiento, pues ya las amistades e incluso familiares estaban sospechando que ella tenia una relación sentimental con su chofer, que ese comentario se escuchaba ya reiteradamente. Alicita insistió en defender a su chofer, pero manifestó a su amiga Amparo que requeriria a su chofer sobre los hechos. Mientras su patrona y la amigota sostuvieron el dialogo,  el chofer escuchaba desde su alcoba que estaba situada en la proximidad. Ante el llamado de una de las mucamas las contertulias se dirigieron al comedor donde tomaron te y café y después de un corto diálogo en ese lugar se despidieron. Doña Alicia llamo a motorista y le ordenó  que llevara a la chismosa a su casa. El chofer saco del garaje el coche del cuento e invito a subir a su detractora dirigiendose a la Avenida Sexta lugar donde residía aquella, en el negocio de churrascos que compartía con su esposo en la zona rosa de Cali.
En el desplazamiento el chofer guardaba silencio mientras se  mordía la  lengua para contener su ira. La pasajera interrumpe el silencio iniciando un dialogo  manifestándole al chofer   que Alicita ya se encontraba recuperada de la enfermedad que habia padecido, agregando de que habían pasado un rato muy ameno hablando sobre muchas cosas. El chofer que se encontraba indignado por lo que habia escuchado, rompió su silencio y manifestó: claro que hablaron mucho, yo  las estaba escuchando. Hablaran tanto que hablaron de mí, y me extraña que Ud. toda una dama de la alta sociedad se ocupe de chismosear acerca de mi persona. Respéteme que aunque soy un chofer merezco respeto y le pido que no se ocupe de mi vida, pues yo en la de nadie me meto y aunque se cosas de Ud. que he visto y escuchado nunca las comento. Amparo respondió que ella no habia hablado nada de el y que  era lo que sabia de ella, que no fuera grosero. El silencio acompaño al chofer y su pasajera por el resto del trayecto.
Al llegar a la casa, la pasajera se bajó  con altivez y dando de portazo al vehículo  se dirigio a la entrada del negocio sin dirigir palabra alguna al motorista.
El chofer tomo de nuevo la ruta a la vivienda de su patrona, quien antes de que este se dirigiera a llevar a Amparo a su casa, le habia manifestado que el dia siguiente la llamara a las nueve de la mañana para salir a realizar unas diligencias de cobro de arrendamientos. Al llegar a la casa de su patrona  el chofer estacionó  el vehículo en el garaje y se dirigio al dormitorio asignado donde paso buena parte de la noche sin poder conciliar el sueño. Pensaba y repensaba sobre el incidente, se encontraba bastante molesto por ese hecho y otras situaciones pasadas en que se sentia discriminado y humillado, como el incidente ocurrido en la celebración del compromiso de matrimonio en el que Alicita seria madrina. En esa ocasión después de recoger a una serie de invitados y habiéndose quedado alejado de la parte social donde se realizaba el evento fue llamado por Alicita a la hora del brindis, pero cuando se realizaba la ronda de  la champaña en la gran copa, al llegarle el turno en el circulo que rodeaba los novios, Alicita vacio en una copa pequeña para que allí brindara su chofer. Este gesto de discriminacion y otros, tenia molesto al chofer, quien aun a pesar  de su origen campesino, se sentía herido en su personalidad y estaba resuelto a  renunciar al trabajo que tanto lo comprometía, hasta el punto de alejarse bastante de su hogar. Caviló     y caviló  hasta la madrugada cuando por fin concilió el sueño.
Al dio siguiente se levanta a eso de las siete de la mañana, despues de la ducha y el desayuno se dedicó a realizar el mantenimiento regular de los automotores.
 A las nueve de la mañana se dirigió a la alcoba de su patrona para llamarla, de acuerdo al requerimiento hecho la noche anterior. Ya su patrona venia en hacia  al comedor y al dirigirle este la palabra, aquella no le respondió  adoptando una postura de rechazo.
 La patrona se asomó   por el garaje y solicitó  a la empleada de la cocina que le sirviera el desayuno. Cuando la patrona término  de desayunar el chofer se dirigió a ella para manifestarle que estaba listo para salir al recorrido tal como lo habia dispuesto el dio anterior. Alicita se levantó de la mesa enervada y con altivez, tiro el plato del desayuno y dirigiendose al chofer le manifestó: Abusivo, descarado, atrevido, disque paseandose por la avenida sexta con una negra en mi carro. Te han visto mis familiares y amigas, hijueputa te voy a matar, y se dirigió   a su alcoba al piso segundo. El chofer  comprendió la gravedad del asunto y aunque el arma de dotación estaba en su bolsillo como de costumbre, recordó lo peligrosa de su patrona que habia baleado a su esposo y luego envenenado y procuró  guardar de su integridad. Alicita regreso de su alcoba y manifesto  al chofer que de ahora en adelante no queria verlo, que lo odiaba que desapareciera de su vista. El chofer solicitó  una explicación. Alicita no justificó su comportamiento y en contrario lo insultó de nuevo manifestándole que era un hijueputa mal agradecido, que se fuera de su casa. El chofer que se encontraba ya saturado de soportar tanto las exigencias laborales como afectivas de su patrona y ante las expectativas que le representaban su familia, no dudó en manifestarle  a su patrona que la situación estaba resuelta y tiró  las llaves de los vehículos y de la casa a los pies de Doña Alicia. Ante tal actitud la patrona se sintió herida o tal vez humillada por la reacción de su chofer-amante y entrando en cólera trataba de agredirlo  con un tenedor que agarro de la mesa del comedor. Este la esquivaba y daba vueltas a la mesa mientras aquella lo perseguía insultándolo. Ante el escándalo suscitado las empleadas del servicio se dirigieron al comedor a investigar lo que sucedía. Alicita se encontraba encrispada como gato electrizado tratando de agredir a su chofer y gritaba recógeme las llaves hijueputa, recógemelas malparido. El chofer  giraba alreedor de la mesa. Las empleadas del servicio trataron de interponerse entre ellos. Juana que era el ama de llaves y quien se sentía con autoridad en la casa, solicitó al chofer que se retirara. El chofer  optó por alejarse del lugar y emprendió la retirada por la puerta del comedor  hacia la cocina. Alicita empezó a balbucear y echando babaza  por la boca cuan can rabioso  cayó al piso presa de un ataque de nervios, convulsionando como aquellas viudas cuando van a enterrar al difunto esposo. El chofer  echó  una mirada y continuó  su desplazamiento por el garaje a tomar la calle. Al salir a la avenida las Américas se aproximó a un pequeño expendio de licores y pidió un trago doble de aguardiente. Cuando estaba a punto de ingerir la bebida llego Mary, una de las empleadas del servicio y solicito al chofer que regresara a la casa, pues a doña Alicia le habia dado un ataque y que no respiraba, que parecía que se habia muerto, que retornara para que la llevara en uno de los carros a la clínica. El motorista  se tomo el trago y manifestó  a la mucama que solo regresaría a esa casa a recoger su ropa e implementos personales otro día, que lo mejor era que consiguieran un taxi para que la llevaran a la patrona donde creyeran conveniente.
 Salió  a la calle y paro  un taxi, indicándole al  taxista el servicio que se necesitaba. El taxista y Mary se dirigieron a la dirección indicada. El chofer de Alicita pidió otro trago de aguardiente  y lo ingirió de un solo sorbo, enseguida salió a la calle y abordó un bus de servicio urbano de la empresa Gris San Fernando ruta dos y se dirigió a su casa que estaba ubicada en el barrio Siloe, al sur de Cali en el piedemonte de la cordillera occidental colombiana.
En el desplazamiento, que comprometía el atravesar casi media ciudad, el chofer meditaba sobre su actitud y las consecuencias económicas que le acarrearían, pero en el fondo sentía una gran satisfacción por sentirse liberado de aquel compromiso que le tenía abrumado y alejado de su hogar. Al tercer día del in suceso   el motorista llamo a casa de su patrona para hablar sobre el arreglo laboral  relativo a su retiro. Doña Alicia a través de su ama de llaves indicó  al ex chofer que pasara por la oficina de un abogado en el edificio banco de Bogotá en el parque Caicedo de Cali para que recibiera la liquidación. Ese día en la tarde el chofer  se dirigió a cobrar su liquidación. En el lapso de tiempo en el recorrido de la casa al parque Caicedo pensaba a que actividad laboral  o económica se dedicaría en adelante. Al llegar al parque observó  que en ese sitio se encontraban establecidas un gran numero de personas que trabajaban con unas maquinas de escribir relatando cartas, documentos, declaraciones de renta, hojas de vida, misivas de amor, cotizaciones, etc. Se detuvo por aproximadamente una hora en el parque, dialogó con algunas de aquellas personas que allí laboraban y en especial con un tramitador que por sobrenombre le decían “Mal hijo”. Este le explicó sobre las actividades que allí se desarrollaban. El vacante chofer le manifestó a su interlocutor que iba al edificio del frente y que luego regresaría para invitarlo a tomar algún refrigerio y conversaran un poco más sobre las actividades que se desarrollaban en el parque.
El chofer subió al quinto piso del edificio referido y ubicó al abogado que le tenía la liquidación. Recibió el cheque con gran desconsuelo por lo irrisorio de la suma, ya que de la liquidación se le descontaba algunos valores, incluido el de un vestuario que su patrona le había regalado y que ella saco a crédito en un almacén del barrio San Nicolás. Humillado para sus adentros pero con  valor y altivez, el chofer salió de la oficina del abogado y se dirigió al parque en busca del tinterillo que había conocido hacia un rato, encontrándolo e invitándole al bar El Bogarin, donde tomaron primero un par de tintos y luego una caneca de aguardiente.
Después de dialogar por un tiempo prudente y recibir información adicional sobre el trabajo en el parque Caicedo, el ex-chofer tomó la decisión de trabajar en el parque Caicedo. Despidiéndose del  nuevo amigo del parque se dirigió a los almacenes de San Andresito y compró  una maquina de escribir Brother por la suma de dos mil cuatrocientos pesos. Luego se dirigió a  un almacén de cadena y compró una remesa para la casa. Enseguida se dirigió a su hogar  donde llegó a eso de las ocho de la noche, un poco ebrio, con los elementos adquiridos y tres mil trescientos pesos sobrantes de la liquidación que alcanzó  la suma de ocho mil. Comunicó  a su esposa madre e hijos los sucedido con el trabajo de motorista y de la determinación de ir a trabajar al parque Caicedo con la maquina de escribir.
Al día siguiente, sábado por cierto, a las siete de la mañana el ex motorista se encontraba sentado en una banca del parque Caicedo con su maquina de escribir a horcajadas, esperando su primer cliente que llego quince minutos después para que le elaborara una cotización, acordando el precio del trabajo en cinco pesos. Ese primer día trabajó  hasta las dos de la tarde, tiempo durante el cual estuvo casi siempre ocupado en razón principalmente porque la mayor parte de los escribientes no laboran por ser fin de semana.
Ya en la tarde al momento de retirarse  conto el dinero ganado que dio la suma de veinticinco pesos. Hizo una llamada a su ex patrona y después de guardar la maquina de escribir se dirigió a la casa de aquella. Iba por la ropa e implementos personales que allí había dejado, los que según Juana el ama de llaves ya le tenían listos y empacados. Al llegar a la casa, la ama de llaves lo atendió por el garaje, y cual seria la sorpresa cuando Juana le abrió la puerta y le mostró dos chuspas donde le tenían empacados sus haberes. Las dos maletas de viaje que Alicita le había regalado fueron cambiadas por dos chuspas de papel en que se empacaba el azúcar. El ex chofer revisó sus pertenencias y una vez mas, herido en sus adentros pero orgulloso de su ego salió   y abordó el taxi que lo esperaba, previo el acomodo de las chuspas en la cajuela del auto.



MUERTE DE ALICITA
Con posterioridad a la muerte del coronel, Alicita entró en una etapa de libertinaje: licor, drogas, sexo. El desarrollo de estas actividades desenfrenadas y en forma ascendente en su comportamiento fue minando la salud y su patrimonio económico. El incremento en el consumo de estos elementos fue afectando su juicio, por lo que realizaba negocios en detrimento de sus bienes realizando   escándalos  sociales con frecuencia. Sus ingresos económicos se fueron disminuyendo en la medida que sus obligaciones aumentaban, situación que la obligó a empezar a vender sus bienes en negociaciones de las  que siempre  salía lesionada, cuando no estafada. Prestamos   hipotecas, ventas, obligaciones fictas y ficticias recayeron sobre La Reina de Los Zancudos.
Toda esta serie de negociaciones aleatorias fueron creando en Alicita una gama de problemas y conflictos de los que trataba de escapar adentrándose mas en el consumo de licor, cocaína y pastillas, limitando su ámbito  social y  reduciendo   su entorno a su alcoba, casi siempre acostada en su cama consumiendo y consumiendo mas y mas licor y estupefacientes. Salía de su alcoba solo a recibir a ciertas personas: prestamistas y proveedores de drogas.
El aspecto físico de la reina se fue deteriorando y su baja autoestima se fue haciendo más notoria. En la presentación personal se notaba el desaseo y el descuido al vestir.  Ya no usaba las finas y costosas joyas que pretéritamente lucia, unas las había vendido, otras empeñado y otras se las habían robado. Solo usaba algunos pocos adornos de fantasía.
 Alicita se encontraba desesperada en esa situación y pidió a Juana que le hiciera una llamada a su ex chofer y le comunicara el deseo  conversar con él.
Una noche al llegar a casa el ex chofer recibió la llamada de Juana, con quien dialogó y luego de recibir el mensaje de Alicita le manifestó que en los próximos días pasaría a visitar a su ex patrona.
El ex chofer analizó la situación y determinó      no ir a la cita con Alicita, pero un acontecimiento en el parque Caicedo motivó el cambio de decisión: una mañana en el mes de Octubre de los años setenta, estando laborando con su maquina de escribir, hasta el ex chofer  llegó  un personaje requiriendo los servicios de mecanografía para llenar cuatro letras de cambio por diferentes sumas para un total de cincuenta mil pesos. Cuando el mecanógrafo solicito los nombres de las personas que intervenían en la transacción el cliente manifestó: girador, Alicia A. de R.; girado, n. n. La giradora era su ex patrona Alicita,  La Reina de los Zancudos. En ese momento recordó las últimas palabras del Coronel en su lecho de moribundo en el hospital departamental de Cali cuando le pidió que cuidara de Alicita y Juan Guillermo. Las últimas palabras del Coronel y el llamado de Alicita de que la visitara para conversar le hicieron tomar al ex chofer la determinación de ir en la mañana del día siguiente a casa de su ex patrona, tomó  el teléfono y se comunicó con Juana manifestandole  que visitaría la casa de acuerdo con el propósito anterior.
Al día siguiente el ex motorista se levantó más temprano con el fin de visitar en las primeras horas a Alicita para luego ir a su trabajo al parque. Abordó un bus urbano que lo dejó a una cuadra de   la residencia, caminó ese tramo pensativo, nervioso, con un raro presentimiento. Al llegar a la mansión timbró y enseguida apareció Juana la mucama ama de llaves abriendo la puerta e invitando a seguir al visitante, a quien  Juana recibió con un efusivo saludo, e invitándolo a tomar un café  le manifestó que había comunicado el dia anterior  a doña Alicita de la visita, quien le había ordenado hacerlo pasar a su alcoba cuando llegare el visitante. Eran aproximadamente las siete y media de la mañana. Una extraña  corazonada  invadía al  mecanógrafo, quien tomando el tinto dialogó con Juana acerca de algunas inquietudes. Agotado el tinto y aun dialogando se dirigieron por la rampa que conducía al segundo piso donde estaba ubicada la alcoba de Alicita. Tocaron a la puerta por varias oportunidades sin recibir respuesta. Ante esta situación de silencio decidieron abrir la puerta y entrar. El mecanógrafo se quedo parado a unos pocos pasos del lecho de Alicita. Juana se arrimó  a la cama y moviendo el cuerpo de su patrona  para despertarla la llamaba insistentemente por su nombre. Doña Alicia no respondió al llamado de su fiel servidora. El mecanógrafo se acercó  y examinó  el cuerpo de su ex patrona. Tomó  el pulso en su mano izquierda. No había pulsaciones. Acercó  su oído al pecho de  Alicita. Su corazón ya no funcionaba pero su cuerpo estaba caliente. El ex chofer miró  alrededor y observo en la mesa  de noche una botella de ginebra destapada casi vacía, dos pastillas de daizepan, una de mogadon y otra de sinogan. Al lado un plato pequeño de porcelana con restos de cocaína, una hoja o cuchilla de afeitar, una cuchara dulcera. Dirigió de nuevo la mirada al lecho y ya en detalle observó la prótesis dental al lado del cadaver de Alicita, quien dormía el sueño eterno.
FIN.

Autor: Antonio José Zuloaga Cabal
            (Atilano)
Segunda Edición corregida    y
Adicionado en Cali por el autor. Julio Primero del año 2.008